Aumenta a 188 la cifra de muertos y declaran estado de emergencia tras el devastador terremoto en Venezuela

La población venezolana y los equipos de socorro se enfrentan a una dramática carrera contra el tiempo tras el colapso de cientos de edificaciones provocado por un doble terremoto que sacudió este miércoles el norte del país. La emergencia, originada por dos sismos casi simultáneos de magnitud 7,2 y 7,5, ha desencadenado una crisis humanitaria y logística sin precedentes en el estado de La Guaira y la Gran Caracas, dejando una estela de destrucción estructural y obligando al país entero a movilizarse para rescatar a las personas atrapadas bajo los escombros.
El balance oficial más reciente entregado por las autoridades confirma la gravedad del desastre: hasta el momento se contabilizan 188 víctimas mortales, más de 1.500 heridos y al menos 157 ciudadanos desaparecidos. Ante este panorama desolador, la presidenta interina, Delcy Rodríguez, decretó el estado de emergencia nacional para centralizar la respuesta operativa y canalizar maquinaria pesada desde otros estados hacia la costa, la zona que absorbió el mayor impacto directo de los movimientos telúricos.
La pérdida de servicios básicos y el colapso de la infraestructura han dificultado enormemente la atención prioritaria de los damnificados. Según los reportes parlamentarios, ocho grandes hospitales sufrieron daños severos que forzaron el desalojo preventivo y traslado urgente de los pacientes, sumado a las afectaciones en decenas de centros comerciales y más de 340 obras de uso público. En medio de la confusión en localidades fuertemente golpeadas como Catia La Mar, la situación de orden público se ha tensado; se han documentado incidentes aislados en los que presuntos saqueadores ingresaron a establecimientos comerciales fracturados para sustraer alimentos.
El impacto geológico de estos terremotos superficiales trascendió las fronteras venezolanas y encendió las alarmas en toda la región andina. La potente onda sísmica se sintió con prolongada intensidad en diversas zonas de Colombia, motivando evacuaciones preventivas en edificios residenciales y de oficinas en ciudades como Bogotá, Barranquilla y Bucaramanga. Afortunadamente, y pese a la magnitud registrada, los sistemas de alerta temprana descartaron rápidamente la amenaza de un tsunami para las zonas costeras del mar Caribe.
Mientras la nación sudamericana atraviesa sus horas más críticas, la comunidad internacional ha comenzado a activar sus protocolos de asistencia humanitaria. El gobierno de Suiza ordenó el despliegue inmediato de rescatistas especializados y toneladas de equipamiento de búsqueda, a la par que el papa León XIV autorizó desde el Vaticano una inyección financiera de emergencia para apoyar las labores de socorro. Con miles de familias durmiendo a la intemperie por temor a las réplicas, los esfuerzos de las autoridades se concentran en restablecer la conectividad vial y no detener la remoción manual de escombros.


