
El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, celebró este fin de semana en la ciudad de Cuenca, al sur del país, sus primeros cinco años de gobierno al que llegó el 15 de enero del 2007 con un proyecto político que sigue desarrollando denominado “la revolución ciudadana” que, según él, “cambiara al Ecuador”.
Correa, católico, casado, padre de tres hijos, socialista convencido, dijo en un discurso ante unas 50 mil personas que lo mejor de su gestión “no han sido las obras sino el despertar de la fuerza interna del país y la voluntad de cambio para superar el fatalismo que hacía creer a la gente que todo estaba perdido”.
Su actual mandato se prolongará hasta el 2013 y aunque no ha asegurado que se presentará a la reelección, por segunda vez, círculos cercanos al mandatario indican que podría prolongar su gestión hasta el 2017.
Reconoció lo que denominó “la mediocridad política de la partidocracia, los mismos de siempre” y recomendó “a quien quiera que sea el candidato” de su partido Alianza País (AP), no solo prepararse para vencer en la elección presidencial del 2013 -y dar continuidad a su proyecto político- sino captar una amplia mayoría y así no depender de lo que denominó “diputados de alquiler”.
Al multitudinario acto en el estadio de fútbol Alejandro Serrano Aguilar, Correa de 48 años, festejó junto a unos 50 mil seguidores los cinco años de gobierno. Estuvo acompañado por artistas ecuatorianos, venezolanos y el cantautor cubano, Pablo Milanés. También la ex Nobel de Paz, guatemalteca Rigoberta Menchú.
“No solo entregamos caminos, estamos pulverizando mitos, rompiendo paradigmas, estereotipos, el derrotismo, ese supuesto determinismo ineluctable que nos condenaba al fracaso, al retraso, a la miseria. Hemos vencido a esos profetas del desastre que decían que no se podía, que siempre sería lo mismo”, aseguró el mandatario.
“Hemos derrotado ese fatalismo con el que nos bombardearon durante siglos, para inmovilizarnos, acomplejarnos, someternos. Somos tan capaces como cualquiera, no hay nada que no podamos hacer, no hay obstáculo que no podamos vencer, ese es el principal legado de nuestra revolución”, recalcó.
Los asistentes gritaron, entonces, “reelección, reelección” y él respondió: “eso ya lo veremos”, y ratificó que “estaré donde mi patria, la revolución, donde ustedes me requieran, me necesiten. Ahí estaremos, siempre cumpliendo”.
De inmediato evaluó su gestión y dijo que “han sido cinco años duros, de sacrificio personal para la familia”, pero “también han sido los cinco años más maravillosos de mi vida, de mi existencia”.
Momentos difíciles
Correa que estaba emocionado enumeró luego los momentos más difíciles que ha tenido:
1.- La muerte en un accidente aéreo, a pocos días de haber asumido el cargo, de la ministra de Defensa, Guadalupe Larriva y 5 oficiales de la Fuerza Aérea.
2.- El traicionero bombardeo de “un gobierno falsario” al territorio ecuatoriano, en alusión al ex presidente colombiano Álvaro Uribe.
3.- La sublevación, el 30 de septiembre de 2010, de un grupo de policías que, sostuvo, “fueron simples instrumentos de los cobardes que se escondían entre bastidores esperando el desenlace: que se desestabilice el gobierno”.
“Momentos mágicos”
Correa destacó como “momentos mágicos”, es decir, positivos de su gobierno:
1.- La instalación de la Asamblea Constituyente (en 2008).
2.- El triunfo en 8 procesos electorales seguidos y la reacción de los ciudadanos que salieron a defender la democracia el 30 de septiembre de 2010, durante la sublevación policial e intento de golpe.
“La patria vuelve”
El presidente Correa luego recordó que uno de los lemas de su proyecto político ha sido “la patria vuelve” y, en este contexto, citó varios aspectos que materializan ese enunciado:
1.- Un Estado plurinacional e intercultural que acoge a la diversidad de pueblos, nacionalidades y etnias que existen en el país.
2.- Un estado que represente a las grandes mayorías (migrantes, discapacitados, niños de las calles, madres solteras). La educación, la salud, la vialidad, la vivienda; la disminución de la pobreza y la desigualdad.
3.- La dignificación del trabajo humano con la eliminación de la tercerización laboral; una política económica liberadora; un clara opción preferencial por los más pobres y postergados, privilegiando al ser humano sobre el capital; la recuperación del estado y la acción colectiva, la lucha contra la corrupción y la impunidad, la instauración de la ética, la decencia, la verdad en la administración pública.
4.- La eliminación de la corrupción institucionalizada como “los vergonzosos” canjes de deuda, “el regalo de nuestro petróleo”, “los bancos centrales autónomos, cuya opulencia era un insulto a la pobreza de nuestra gente, sin responder a controles democráticos, pero sí a burocracias internacionales”.
“Después de cinco años de duro combate ya no somos hacienda bananera de nadie, ni el patio trasero de nadie: ya no está el Fondo Monetario, el Banco Mundial, los poderes fácticos, los corruptos de siempre dictando la historia del Ecuador”, concluyó.

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