El periodismo, la historia y la novela, según Flor Romero

octubre 3, 2014 6:11 pm

flor_romeroEl periodismo me ha servido para investigar, la historia para comprender y la novela para expresar lo que he resumido del mundo en que me ha tocado vivir
Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)

Flor Romero además de escritora, es una de las más destacadas historiadoras y periodistas colombianas. Todos sus libros han sido éxito tanto en Colombia como en Francia en donde han sido traducidos en su totalidad logrando muy buenos comentarios de la prensa especializada y de los analistas de la narrativa hispanomaieercana.

Por qué La Sabiduría del Dragón debe convertiste en un libro de lectura obligada?

– Porque las sabidurías de Confucio y Mencio, lo mismo que las populares chinas, enseñan un mejor vivir, convivencia, el arte de gobernar, la humildad, la prudencia, el conocimiento, la sencillez, el respeto, la responsabilidad, la tolerancia, la rectitud, la perseverancia, la felicidad, la paciencia, el amor, la generosidad, la honestidad, la cooperación, la equidad, la cortesía, la paz y hasta cómo lidiar la guerra. Son proverbios para guardar en la memoria y en el corazón.

¿Este es un libro para reflexionar, pensar, leer y releer?

– Eso espero. Como decía Confucio: No importa lo lento que vayas mientras nunca te detengas.
– ¿Es La calle ajena una novela para denunciar lo que sucede en las calles de nuestras ciudades?
– Es la mirada a una sociedad que no alcanza a comprender a estos muchachos víctimas del rechazo de sus hijos ante la incapacidad de asumirlos. La historia de amor de Masdevalia y Lirio muestra este panorama, que aún puebla las calles de las grandes ciudades con todas sus peripecias.

¿Cómo nació la idea del libro?

– Desde los tiempos de El Espectador y la revista Mujer, cuando hacía reportajes sobre los gamines, guardaba frases, anécdotas, pasajes, para la novela que algún día escribiría sobre el tema doloroso de los niños de la calle. Fue en l990 cuando se concretó la escritura en París, en la época de la diplomacia, y se me ocurrió presentarla a la Editorial Ramsay, que la aprobó y le encomendó la traducción a Claude Couffon (el gran americanista francés).De manera que esta novela fue publicada primero en francés que en español. La presentación fue en El Gran Paláis durante la Feria del Libro de l.991, con buenas críticas, pues dijeron que era la gran novela sobre los gamines y que tenía aroma de Victor Hugo.

Los libros son como los hijos: a todos se les quiere por igual…¿Pero hay alguno de ellos muy especial?

– Quizá Triquitraques del Trópico, que fue finalista en el premio internacional de Planeta en Barcelona, traducido al francés por Antoine Bergman, publicado por Albin Michel en Paris y seleccionado para la colección de Obras Representativas de la UNESCO. Poco conocido en América, pero con gran reconocimiento en Francia. Espero que algún día lo tengamos de texto en escuelas y colegios, pues trabajé muchos años recogiendo material para esta obra y creo que aporta a la comprensión de nuestro mundo. Es la mirada de una mujer a este enmarañado mundo.

¿Usted se siente más a gusto como periodista e historiadora que como novelista?

– En las tres áreas estoy muy cómoda, pues creo que el periodismo me ha servido para investigar, la historia para comprender y la novela para expresar a mis lectores lo que he resumido del mundo en que me ha tocado vivir y de otros mundos que conozco a través de los libros y de la música.

¿Qué es lo que la enamora a usted de los libros?

– Desde muy niña, cuando leía los textos de La Biblioteca Aldeana que junto con Las mil y una noches, más La Enciclopedia era todo lo que había en la biblioteca de la escuela de La Paz de Calamoima, me enamoré de los libros. Eran mis sueños, mi deleite, mi pasión, la ambrosía; la manera de llenar los vacíos de la orfandad. También me fascinaban las historias platicadas por personaje interpuesto, mi abuela Isabel quien en las noches el pan, me contaba cuentos de hazañas, hechicerías y creencias de los aborígenes nuestros y vecinos, que me fascinaban, Quizá por eso desde entonces tengo debilidad por el tema mítico, a tal punto que ya completo 500 cuentos de este género.

¿Qué hacer para que en Colombia leamos más y pensemos menos en la guerra?

– Quizá la conquista y la colonia fueron demasiado crueles y nos dejaron en el ADN demasiado dolor, que necesitamos vengar. Quitarle a uno su tierra, sus mujeres, sus hijos, y hasta sus dioses fue demasiado duro. Eso no lo aguanta nadie. Quizá por eso hay una rabia recóndita que fluye, y se expresa en tanto horror que hemos padecido. Yo he vivido parte de esta violencia heredada, continuada por los criollos y sus hijos, más tanto atizar el tema en los medios de comunicación que arranca desde l.948, y quizá desde antes. Hasta que finalmente tejimos un paladar necrófilo. No me explico cómo hemos tenido que vivir todos estos años con esa carga emocional tan espantosa. Ya es hora de reflexionar y pasar a otro estadio de convivencia y amor. Habrá qué sembrar amor en los libros, en el cine, en la tele, rosear el ambiente con pétalos tiernos y perfumados, con pistilos de convivencia para alcanzar una magnífica calidad de vida y saber disfrutar de todo lo que la naturaleza nos ha dado, que es mucho.

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