Farc no tienen otra alternativa que liberar a secuestrados y sentarse a negociar la paz
Pasada la euforia por los ríos humanos que marcharon en Bogotá y mas de mil municipios del pais, en los cuales retumbó el grito de libertad para los secuestrados, la expectativa se centra en la respuesta que puedan dar las Farc y el Eln, a quienes principalmente se dirigió el mensaje.
Por ahora, solo se conoce una carta, cuya fecha no se precisa, firmada por el llamado canciller de las Farc Rodrigo Granda y otro cabecilla de nombre Jesús Santrich, en la cual, entre otras cosas afirman que «no seremos nosotros, no y mil veces no, quienes bajemos las armas», pero sin hacer referencia a las movilizaciones del 20 de julio.
Apartes del escrito, que fue publicado por la llamada Agencia Bolivariana de Noticias, organo oficioso de las Farc, los incluimos más adelante a simple titulo informativo.
Frente al grito de libertad del domingo, el exfiscal Alfonso Gómez Méndez declaró al Noticiero Santa Fe que si las Farc les queda algo de sentido politico, deben atender el clamor de los colombianos y liberar de inmediato y sin condiciones, a todos los secuestrados.
En igual sentido se pronunció el analista politico Juan Manuel Charry, quien subrayó que las Farc no tienen otra alternativa que buscar canales de entendimiento con el gobierno y liberar a todos los secuestrados.
Charry advirtio en Radio Santa Fe, que la situación en Colombia y en el mundo para la guerrilla ha cambiado sustancialmente, porque ademas de estar golpeadas militarmente, se les ha reducido su espacio politico y han perdido aliados, porque algunos se han declarado neutrales, como el caso de Venezuela.
El analista politico advirtió que en la medida en que pierden espacio politico, que militarmente estan replegadas, y que solo reciben el repudio internacional, las guerrillas tienen que buscar canales de entendimiento no solo para el acuerdo humanitario, sino para adelantar mesas de diálogo y el desmonte de sus estructuras armadas.
El director del semanio comunista “Voz”, Carlos Lozano, dijo que como la posición del gobierno parece ser la de buscar una rendición total de la guerrilla, corresponde a las Farc formular una propuesta sentarse a negociar la paz.
En materia de secuestrados en Colombia, no hay cifras concluyentes.
Según reportes de Fondelibertad y la Policía Nacional, 6.848 personas secuestraron las Farc entre 1996 y 2007.
Sin embargo, entre 2000 y 2007 fueron denunciados 14.940 casos de secuestro en todo el país, a manos de diferentes grupos.
Además de los llamados secuestros políticos, y el denominado grupo de los ‘canjeables’, se estima que por lo menos 850 colombianos permanecen secuestrados en poder de las Farc, cerca de 240 a manos del ELN y un número indeterminado a manos de la delincuencia común.
Fundacion Pais Libre, establecio que en lo corrido de 2008, el Ejército de Liberación Nacional, ELN, han secuestrado a 10 personas y las Farc 29, contando los cinco compatriotas que hicieron cautivos cuando viajaban en una embarcación por el Rio Atrato, en el Chocó.
El Eln, entre enero de 2000 y noviembre de 2007 secuestro a 3.293 personas en Colombia y tres en Venezuela.
CARTA DE GRANDE Y COMPAÑIA
Los siguientes son algunos apartes pertinentes de la “Carta a Nuestros hermanos de lucha” firmada por Rodrigo Granda y Jesus Santrich:
“…en nombre de los sueños y de cada gota de sangre de los combatientes caídos en Nuestra América por evitar el yugo de los opresores es que juramos que no seremos nosotros quienes arriemos sus espadas, sus lanzas, sus machetes, sus fusiles y sus banderas. No seremos nosotros, NO y mil veces no quienes bajemos las armas de Marulanda, las armas del pueblo, que se han levantado por la emancipación.
Hay ciertas concesiones inadmisibles entre revolucionarios, pues definidos estamos no sólo como marxistas-leninistas sino como bolivarianos, y en tal compromiso no estamos dispuestos sólo a lograr lo que se nos manifieste asequible sino lo que nos imponga la conciencia por deber. Como en la gesta del Libertador, “es imperturbable nuestra determinación de independencia o nada” y así, en el mejor sentido bolivariano reiteraremos como constante que, cuando la opresión no deja más alternativa, la insurrección, la guerra de liberación, constituye el legítimo recurso de los pueblos para lograr la libertad.
Estamos en una confrontación que no ha de cesar mientras no se acabe con las profundas causas sociales que la engendraron o se instaure un nuevo poder que establezca la justicia social.
Entretanto se nos presentarán éxitos que no nos deben envanecer y reveces que son propios de este tipo de lucha que hemos emprendido obligados por la perfidia de este régimen del terror…, pero en nada nos deberán perturbar las adversidades; de ellas sólo debemos sacar las experiencias que también nos aporten para desbrozar el camino de la victoria, pues como expresaba el Libertador “El hombre de bien y de valor debe ser indiferente a los choques de la mala suerte”.
PIEDAD COLUMNISTA DE LAS FARC
–La senadora Piedad Córdoba, se convirtió en nueva columnista de la Agencia Bolivariana de Noticias, ABP, órgano oficioso de las Farc.
Bajo el titulo “La calle es libertad no status quo”, fue publicado en la pagina web de esa agencia, el siguiente articulo la controvertida congresista:
“Sin la acción concertada de los sectores progresistas y democráticos, y de la comunidad internacional se puede perder esta oportunidad. No hay mucho tiempo. Por ello, en los próximos días, es necesario lanzar una apuesta política vigorosa y audaz que nos permita encontrarle salida al pavoroso conflicto que hoy nos ha llevado a tomarnos las calles de Colombia.
Estos días los medios de comunicación, tanto como los-as ciudadanos que en todo el país son solidarios con mi trabajo humanitario y democrático, han indagado de manera insistente mi opinión frente a la «marcha», convocada este 20 de julio para clamar por la liberación de los ciudadanos secuestrados por los grupos armados al margen de la ley y, al propio tiempo, celebrar la libertad de un grupo de compatriotas, encabezados por Ingrid Betancur y tres ciudadanos norteamericanos.
He manifestado que, independientemente de cuál sea el ropaje político y el aprovechamiento propagandístico –con el sabor y el olor plebiscitario- que algunos quieran darle, es preciso que los espíritus democráticos y progresistas de todos los sectores, expresemos de manera sincera nuestro deseo de libertad para quienes tristemente padecen el inhumano cautiverio.
Por haber experimentado los rigores del secuestro sé lo doloroso de ese flagelo y la congoja que irradia en el entorno familiar y social, por ello he tratado de hacer los mejores esfuerzos por impulsar liberaciones.
Muchas privaciones e incomprensiones han llenado de tristeza mi alma y la de mi familia. Sin embargo, pienso que la tarea humanitaria que el destino ha puesto en mi camino, debe continuar, hasta «terminar la guerra y armar la paz».
Por ello considero que este encuentro, que yo llamaría por la paz y la convivencia, debe levantar también su mirada humanitaria hacia las otras víctimas de este terrible conflicto.
Me refiero a los millones de desplazados forzados, desaparecidos y descuartizados. A los 950 ciudadanos que en este sexenio han sido víctimas de ejecuciones extrajudiciales.
A las víctimas indirectas de tanta muerte inútil, a los niños huérfanos que se aferran a la terca esperanza de vivir en paz, porque para sus duelos no hay un minuto de silencio en los estadios, ni pánico en las bolsas mercantiles.
Esta ocasión no debe servir sólo para el divertimento social, y mucho menos para agitar consignas guerreristas contra los ciudadanos desprevenidos o que representan las vocaciones convivientes de las mayorías colombianas o las significaciones imaginarias de instituciones sociales o políticas.
Sería sólo una reacción epidérmica, si no convertimos este día en un acto de fe en la democracia. Esa que necesitamos reinventar para sustraer a Colombia de los caminos hoy sembrados de sangre, dolor, injusticia y miseria.
La situación de Colombia está caracterizada por una profunda crisis humanitaria, por agudas tensiones sociales, severas dificultades económicas y un penoso descrédito internacional, que está demandando el ineludible y urgente compromiso de la sociedad civil organizada y de las fuerzas políticas progresistas.
Llegó, entonces, la hora de recuperar para nuestro diccionario político y social la eficacia redentora de las expresiones Democracia, Acuerdo Humanitario y Proceso de paz, porque lo que hemos «ganado» en la guerra hasta ahora, lo ha perdido la democracia.
¡6.5 puntos del PIB y 21 por ciento del presupuesto nacional en gasto militar! -sin contar los millonarios costos morales y éticos!-, y nuestras escuelas cayéndose y los hospitales cerrándose en un país sin infraestructura, sin que por ello se entristezca el alma del bloque en el poder.
La paradoja es que esos gobernantes se solazan y sienten gozo infinito con los relámpagos y los truenos de las mortíferas armas de última generación.
Es cierto que merced a esa reingeniería militar nuestra Fuerza Pública ha tomado la iniciativa comparativa y temporalmente ventajosa en la confrontación militar.
Sin embargo, para los estudiosos del conflicto aún no ha llegado el «fin del fin» de la insurgencia.
Ésta seguirá siendo alimentada por el conflicto social, la violencia, la inequidad y la corrupción que en estos tiempos ha alcanzado las cotas más altas de la historia republicana.
Y no sólo por las cuatro veces que al presidente se ha visto obligado a «ofrecer disculpas»: al gobierno de el Ecuador, a la Corte Suprema de Justicia, al Presidente Hugo Chávez y, ahora, a la Cruz Roja Internacional…
Ello, desde luego, no justifica la violencia.
Como se ha dicho por los especialistas «la guerra es de perdedores» y sus costos altísimos e imprevisibles se trasladan de manera indiscriminada a toda la población.
Por ello resulta ingenuo desestimar la capacidad que aún tiene la insurgencia de perturbar la vida nacional.
No obstante la euforia colectiva -que pareciera negar toda posibilidad a un acuerdo-, los ciudadanos que han respondido las últimas encuestas, se sitúan entre un 35 y un 42 por ciento los que desean llegar a la paz mediante una salida negociada.
Y somos muchos más los que junto a ellos anhelamos la construcción de un nuevo país en paz y con justicia social.
Pero la paz no es inevitable y no depende sólo de las FARC.
Sin la acción concertada de los sectores progresistas y democráticos, y de la comunidad internacional se puede perder esta oportunidad. No hay mucho tiempo. Por ello, en los próximos días, es necesario lanzar una apuesta política vigorosa y audaz que nos permita encontrarle salida al pavoroso conflicto que hoy nos ha llevado a tomarnos las calles de Colombia.
*Senadora de la república de Colombia y Presidenta del movimiento socialdemócrata «Poder Ciudadano». Fin a escrito de Piedad Cordoba.