–El empresario Emilio Tapia Aldana, se ufanaba de ser la persona que manejaba no solo la burocracia en la administración distrital, sino toda la contratación en Bogotá.
De acuerdo con unas grabaciones divulgadas por el diario El Espectador, Tapia Aldana, decía que nombraba a funcionarios a voluntad y que todo el dinero que iba para ellos por la adjudicación de contratos pasaba primero por él.
“Todo lo que yo sé, la Uaesp, todo, es que yo he manejado todo. De hecho, todavía lo hago. Yo nombraba al director de esto, al director de esto y al director de esto. Todo lo he manejado. No hubo un solo peso que entrara a donde ellos sin que pasara por mí”.
Sin embargo, la publicación destaca que dos años después de que estallara el escándalo, Emilio Tapia Aldana, guarda silencio.
Como se sabe, por el carrusel de la contratación fue suspendido el alcalde Samuel Moreno Rojas y están en la cárcel, su hermano Iván Moreno, el excontralor Miguel Ángel Moralesrussi, el excongresista Germán Olano y a los primos Miguel, Manuel y Guido Nule.
Sobre el caso de Emilio Tapia, el diario hace las siguientes precisiones:
«Hace cerca de un mes dos pesos pesados de la política en Córdoba, los congresistas Bernardo Elías Ñoño Vidal y Musa Besaile, llegaron al despacho del secretario general del Ministerio del Interior, Luis Felipe Henao. Iban en calidad de emisarios del controvertido empresario Emilio Tapia Aldana, uno de los protagonistas del llamado carrusel de la contratación en Bogotá. La cita había sido pedida con antelación por los parlamentarios y agendada por la propia secretaria de Henao.
El propósito del encuentro era ni más ni menos que solicitarle a Henao un cupo para Tapia en el pabellón de los parapolíticos de la cárcel La Picota de Bogotá. Entonces circulaban con insistencia rumores sobre su inminente captura y Tapia quería garantizar su lugar de reclusión. Tan cercado se sentía, que mandó a sus amigos cordobeses —ambos investigados por la justicia— con el fin de que terciaran a su favor. La reunión no duró mucho, pero sí dejó en evidencia la influencia y el poder que aún sigue teniendo un hombre como Tapia.
En diálogo con El Espectador, Luis Felipe Henao negó conocerlo, pero sí reconoció el encuentro con los ‘embajadores’ de Tapia. “A mi despacho llegaron Bernardo Elías Vidal y Musa Besaile para interceder por el señor Tapia. Les contesté que no estaba entre mis funciones el manejo de las cárceles y que de todas maneras Tapia no podía ir al pabellón de los parapolíticos, porque no había sido servidor público ni tenía fuero como parlamentario”.
Este diario conoció otros detalles que Tapia le reveló a su círculo más íntimo sobre esta particular negociación. Por ejemplo, que sus dos emisarios le habrían dicho a Henao que había dos antecedentes de particulares detenidos en el pabellón de los parapolíticos: Eduardo Dávila, de Santa Marta, y Víctor Guerra, de Sincelejo, y que eso avalaba su posible envío a ese lugar. Sin embargo, el mensaje que posteriormente le llevaron Musa Besaile y Ñoño Vidal a Tapia era que no había cupo ni para él ni para nadie más.
El asunto no paró ahí. De nuevo, a través de otro emisario, Emilio Tapia le mandó un singular mensaje al exgobernador de Sucre Salvador Arana Sus, condenado por la Corte Suprema de Justicia a 40 años de prisión. En esencia le proponía una especie de trueque: que Arana fuera trasladado a una cárcel en Barranquilla y que su lugar en La Picota le fuera cedido a él. La respuesta no tardó en llegar. “Si es para ti yo pido mi traslado”, habría contestado Arana Sus. Así se lo corroboró a este diario un cercano colaborador del polémico empresario.
Para evitar el carcelazo Tapia viene negociando desde hace algunas semanas con la Fiscalía los términos de un preacuerdo. Pero grabaciones en poder de El Espectador revelan que es el verdadero depositario de los secretos del escándalo y que la justicia aún camina a tientas en la investigación que busca desvelar los verdaderos tentáculos del llamado cartel de la contratación.
“Las declaraciones de ellos ante la Corte, la Procuraduría, la Fiscalía, las he leído todas; viendo los escritos de acusación de Liliana (Pardo), Inocencio (Meléndez), el contralor (Moralesrussi), y los testimonios de Nule y de (Mauricio) Galofre… Es que yo me río por dentro, me río y me digo ‘¡si supieran cómo es de verdad verdad esta vaina: eso no es nada!” (escuche los audios en la web). Con estas palabras, pronunciadas espontáneamente ante un grupo de allegados, Tapia deja entrever que las autoridades están muy lejos de dimensionar las proporciones del llamado carrusel.
En el contexto de lo obtenido en las grabaciones se revela que aún quedan muchos cabos sueltos, nombres y estados financieros por ser examinados, cuentas, bienes en el extranjero e infinidad de contratos de los que ni siquiera tienen idea los investigadores. Es él quien tiene esas claves y depende de él que sean conocidas por la justicia. Bajo su sombra se direccionó la contratación no sólo del Instituto de Desarrollo Urbano, sino también de las secretarías de Salud y Movilidad, el Instituto de Recreación y Deporte, el Acueducto y, por supuesto, todos los negocios de la malla vial y las obras de Trasmilenio.
Ni qué decir de su influencia en la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp). Sin su consentimiento nada podía moverse.
Con la particularidad de que ni él ni sus empresas figuraban en nada.
Era tal su influencia en la administración de Samuel Moreno, que Inocencio Meléndez, entonces secretario jurídico del IDU y hoy testigo estelar de la Fiscalía, estuvo ad portas de ser removido de su cargo muchas veces. Pero fue Tapia quien lo mantuvo. De hecho, decía que Inocencio era un hombre inteligente. Por esa vía se mantuvieron ocultos multimillonarios negocios que hoy apenas rastrea la Fiscalía.
Inocencio Meléndez no ha sido el único que le ha dado la espalda a su antiguo protector. Otro amigo de Emilio Tapia, quien al parecer tendría documentos contables reveladores, aguarda expectante los avances del preacuerdo que negocia Tapia con la Fiscalía».

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