SOLO LA MUJER ES MADRE

febrero 19, 2013 7:17 am

Carlos Fradique Carlos Fradique-Méndez
Abogado de Familia y para la Familia

Durante 49 años he vivido de cerca la fortalece de la mujer madre. Durante 70 mi madre me ha dado su apoyo, así esté en los cielos desde hace 40. Se acepta el término papá-mamá, pero la verdad es que ningún hombre, por madre que sea, iguala el valor de una madre por defectos que ésta pueda tener en su condición humana.
Escribo esta nota el 16 de febrero de 2013 luego de haber escuchado de sus propios labios la historia de una mujer madre o quien su marido alguna vez llamó la mujer milagro y de la que se alejó porque otra mujer se aprovechó de la liviandad que es propia de todos los hombres, especialmente de quienes se creen machos.
Son miles los hijos que han salido adelante por la entrega total de sus madres a la crianza, al trabajo, el desvelo, a la lucha con el infortunio. En cambio son pocos los hijos que han logrado sobrevivir con la sola ayuda de sus padres. Quienes han salido adelante es porque los padres han logrado la ayuda de las abuelas o de otra mujer. Los ejemplos de padres solos que han criado a sus hijos son muy pocos.
La mujer milagro me contó su vida y el cómo logró educar a sus cuatro hijos de quienes hoy recibe apoyo incondicional y su oferta para recomenzar la empresa comercial que inició y que en varias oportunidades tuvo que abandonar porque prefirió a sus hijos, frente al éxito laboral. Al comentar de manera impersonal con mi familia la historia de la mujer milagro me dijeron: ¿Qué madre está dispuesta a dar su vida por sus hijos? y me respondieron: todas. Los pocos casos de madres que pudieran llamarse desalmadas, se debe a factores externos que las obligan a tener conductas inapropiadas.
La mujer milagro se casó enamorada y su marido la amaba. La familia de su marido estaba feliz porque ella lo encarriló en su profesión y lo rescató de la posibilidad de volverse adicto al alcohol.

La mujer milagro, condiscípula de su marido, lo apoyó para que se hiciera profesional y luego aceptó criar a sus cuatro hijos mientras su marido iniciaba su carrera como empleado en una importante empresa nacional de la que ahora es ejecutivo del nivel medio alto. Entre tanto ella fue gerente de su hogar y olvidó sus quehaceres como gerente de empresas. El marido le tomó la delantera.

La mujer milagro creyó con fe de carbonero en su marido y por esta razón ignoró sus riesgosas infidelidades. La mujer milagro tuvo dos hijos que, aun cuando no estaban programados y era casi imposible concebirlos, fueron bienvenidos.
Cuando se incorporó a una empresa como ejecutiva, fue víctima de infamias por parte de su marido y posiblemente de la amante, quien al final logró quebrar el matrimonio y quedarse con el infiel a quien presenta como gran trofeo. En verdad, le robó el marido a la mujer milagro.
Pero no solo terminó con el matrimonio, sino que durante cerca de doce años ha estado azuzando a su compañero para que rebaje la cuota de alimentos que da a sus hijos y que solo representa el 25% de sus ingresos sin contar con los subsidios educativos que recibe de su empleadora. Al final logró hacer mella en la educación de la hija menor, pero la mujer milagro no se amilanó y haciendo trabajos sin pensar en horarios logró aportar la parte restante para que hija tuviera una educación semejante a la de sus hermanos mayores. En parte estos le ayudan en los gastos de la matrícula. Hay abogados anti familia que se prestan para justificar rebajas de cuotas de alimentos a sabiendas de que el alimentante puede dar una cuota superior. Por mi parte solo en raros casos acepto un proceso de rebaja de cuota y en todo caso, los derechos de vivienda, educación y salud de los hijos deben quedar plenamente garantizados.

Ahora el marido inició un proceso de anulación de su matrimonio católico porque la mujer que se lo robó tiene sentimiento de culpa por vivir en unión marital de hecho. Quiere santificar su vida matrimonial. La ironía es evidente y seguramente la deuda que tiene con la mujer milagro la pagará más temprano que tarde, porque la justicia que llamamos Divina es implacable.

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