Ideologías a quema ropa

abril 25, 2015 8:54 am

Andrey Porras Por:Andrey Porras
Es una desgracia ver cómo la humanidad mantiene su visión maniquea del mundo, sin importarle las vidas que cuesta no pensar más allá del blanco y del negro.

Y es que hablar sobre masacres pareciera la especialidad en estos momentos: 11 soldados presuntamente asesinados en Cauca; un niño de tres años muere en Cali, cuando atacan a su padre para asesinarlo; a título de un «desalmado» amedrentamiento, cuatro niños son acribillados en La Plata, Huila; una familia es exterminada en Remedios, Antioquia; otra, por presuntos nexos con el ELN, fue acabada, respetando solo la vida de un bebé de brazos, del que hoy no se sabe su paradero. Todo ello en espacio de tres meses. La barbarie no da tregua y frente a tanta inconciencia quedan pocas explicaciones.

Sin embargo, quiero intentar un análisis de tal tremenda situación a partir de la siguiente máxima pitagórica: «Si no eres sabio, eres necio, y entre los necios no hay diferencia».

A primera vista la frase parece ser moralista, sin embargo, jugando a cambiar sus palabras, la relación sigue manteniéndose de forma perfecta, por lo menos para nuestra época, por ejemplo: si no eres rico, eres pobre, y entre los pobres no hay diferencia… Y lo mismo entre guerrilleros y paramilitares, entre indígenas y campesinos, entre protestantes y católicos, entre conservadores y liberales, entre los izquierdistas y los de centro…

Aún se intercambie el orden, la contraparte va a pensar la generalidad de la última frase: entre guerrilleros, paramilitares, santistas, uribistas, buenos y malos, no hay diferencia.

Y es ese sentido igualitario el que lleva encarnada la polarización, y por lo tanto, la violencia.

Es desastrosa la idea de creer que las definiciones ideológicas persé no tienen variaciones, cada una ha sido estigmatizada a ultranza: la guerrilla y el ejército matan porque en cada uno se incuba el odio del otro, construido por mentiras, pero afianzado por los años; las bandas criminales matan recogiendo el legado del paramilitarismo en un gesto por sindicar o estigmatizar a todo aquel del que se sospeche; gente del común piensa que la muerte es una manera de condicionar a los vivos para que se logren favores o se disuelvan conflictos; y así, toda una sociedad se va sumergiendo en las devastaciones de la muerte, proporcionada por una creencia, por una ideología.

Soy del ejército, mato guerrilleros; soy guerrillero, mato a los del ejército; soy de las bacrim, mato a guerrilleros o a todo el que no me gusta… mato, mato, mato; mil razones para matar. Mientras, en otro lado de la conciencia se habla de paz, mientras las organizaciones de los derechos humanos se desviven por hacer denuncias, mientras en los medios de comunicación se habla con improperios, irrespeto y calentura sobre lo mejor para el país.

En Colombia, se es de una ideología o de otra, y si no coincides con la mía, eres igual a todas las manifestaciones que detesto, que combato, que deploro, que asesino, que quemo, que rechazo, que me hacen tener permiso para asesinar… nuestra enfermedad es tener una ideología a quema ropa.

Lo más triste de todo es que entre estas fuerzas se devanea la opinión pública, la verdad, las transformaciones sociales, la memoria de las personas.

Pero hay una parte de Colombia que no es tan igual, una parte que deja huella. La muesca que marca el espíritu es una búsqueda real que se da fuera de la contienda, en el muladar de los olvidados: seres que hoy están escribiendo la historia en silencio, seres fuera de las ideologías a quema ropa.

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