¿ESTAMOS FORMANDO LA GENERACIÓN DE LA MENTIRA?

octubre 19, 2015 7:52 am

Carlos Fradique Por: Carlos Fradique-Méndez Abogado de Familia y para la Familia
DIPLOMADO EN EDUCACIÓN PARA LA VIDA EN FAMILIA (52)
Mentir, falsear, engañar, timar, desfalcar, despojar, son conductas que el ser humano ha ensayado desde el comienzo mismo de su existencia. Ahora se suman la corrupción, la apropiación del erario por parte de los funcionarios, las bandas de asaltantes de lo público y lo privado. A la generación de esta primera época del siglo XXI le corresponde vivir en un entorno conflictivo, de asecho, de peligro. Por estas razones tenemos la obligación de formarla con barreras morales muy sólidas para que no sucumba en lo ilícito.

Recordemos el siguiente pasaje bíblico, según una de las varias interpretaciones del original: “Dios vino a Caín y dijo: «¿Dónde está Abel, tu hermano?» Caín mintió y dijo: «No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?» Dios sabe todo. Caín debería haberse dado cuenta que no podía esconder nada a Dios.” Antes de esta mentira del asesino Caín se habían dicho muchas más.

Don Jean-Jacques Rousseau, nacido en Suiza en 1.712 y quien fuera escritor, filósofo, músico y botánico afirmó en su obra El Contrato Social, que “El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe» En este caso hombre es ser humano y comprende al varón y a la hembra. Con esto quiso decir que la persona al nacer carece de formación moral y que su medio, su entorno, su pueblo le forman su conciencia, le imponen sus costumbres y la mayoría de las veces lo corrompen. Por supuesto que hay gente buena, que cumple con sus deberes y procura la materialización de los derechos de los demás.

Por su parte, Don José Ortega y Gasset, nacido en Madrid en 1.883, filósofo y ensayista es el autor de la sentencia que reza: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo» (Meditaciones del Quijote, 1914). (Tomado de la red)

En términos elementales se puede entender que el destino de las personas está determinado por su entorno. Pero lo cierto es que el ser humano puede cambiar sus circunstancias para mejorar su destino.

También puede cambiar su forma de actuar para no tolerar la corrupción y la mentira, para mejorar su futuro, su forma de vida y por supuesto que para encontrar en buena parte su felicidad basada en el buen obrar.

El refrán “Al país donde fueres, haz lo que vieres”, “recomienda acomodarse a las costumbres y usos del país en el que uno se encuentra, al tiempo que aconseja no singularizarse saliendo de los modos y usos establecidos en cada lugar para evitar conflictos.” (Tomado de la red) Pero se debe entender como el hacer lo que es correcto, lo que conviene a la felicidad del ser humano.

La ley colombiana sobre educación, desde el año 2002 estableció la llamada promoción automática y dio lugar a una generación que durante 10 años y con rezagos todavía en este 2015 se tomó la libertad de exigir la aprobación del curso así no hubiera alcanzado ningún logro. Y esta forma de promoción escolar generó cultura de pereza, del copia y pegue gracias al uso irresponsable de la tecnología, al plagio y la mentira intelectual.

Y recordemos que “Los hijos son el espejo de sus padres.” Bien podemos pensar que los padres, la familia cercana que es la primera forma de ciudad y de Estado que vive el ser humano, representan la sociedad que forma hábitos honestos, decentes o corruptos; que son las circunstancias que moldean el futuro de sus hijos e hijas y que son en definitiva el país, el pequeño pero muy importante país en el que los hijos ven lo que se hace y aprenden a hacer lo que ven.

Las nuevas formas de vida enseñan tempranamente a decir mentiras, a callar la verdad que es una forma de mentir, a echarle la culpa a los demás que es una forma de distorsionar la verdad, de no asumir responsabilidades para indicar que los culpables son otros y los niñas y niñas se ven obligados a seguir el mal ejemplo pendenciero de los gobernantes, la apropiación indebida del erario o de los bienes públicos a no cuidar el patrimonio ciudadano, a procurarse el enriquecimiento ilícito y de esta manera estamos creando una generación proclive a la mentira, al plagio, al actuar irresponsable, al todo vale. Y a esto hay que sumar la desintegración de la familia, la ausencia de los padres por razones laborales y el dar velas a los hijos hasta llegar a la equivocada conclusión de que los hijos se salieron de las manos de los padres, siendo que la realidad es que los padres dejaron que sus hijos se salieran de sus manos.

Si bien no es toda la generación porque hay familias que han mantenido férreos valores morales y cívicos, la minoría que cultiva la mentira y la tolerancia de la descomposición social, mueve la sociedad hacia el caos que hoy vivimos en nuestros campos y ciudades.

Nuestra obligación es recuperar las nuevas generaciones para que tomen el camino del buen actuar, de buen obrar, del respeto a la civilidad, a la familia y a la sana convivencia.

Bogotá, 19 de octubre de 2015.

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