DECENCIA JUDICIAL

Carlos Fradique Por: Carlos Fradique-Méndez
Abogado de Familia y para la Familia
DIPLOMADO EN EDUCACIÓN PARA LA VIDA EN FAMILIA
Los padres son nuestros primeros juecesCuando las personas violan la ley o no llegan a un acuerdo para superar sus diferencias deben recurrir a un tercero para que solucione su caso en justicia.

Ese tercero es un juzgador y por antonomasia el juez. El juzgador debe conocer en detalle las normas y su espectro de aplicación, los hechos probados sin duda y las circunstancias de todo orden que rodean esos hechos. El juez no puede imponer sus convicciones políticas ni ideológicas, ni resolver para ser protagonista de noticias. Su visión no puede separarse de la justicia y menos ignorar los efectos secundarios de sus fallos cuando pueden generar polémicas.

Algunos juzgadores se comportan como supremos dictadores del despacho, dejan ver su histeria y su falta de cultura social. Es irónico que instituciones y funcionarios encargados de sembrar la semilla del buen trato en la familia, maltraten, regañen y censuren a quienes llegan a sus casas u oficinas a clamar justicia. Me refiero de manera específica a los padres de familia, a los integrantes de la pareja, a los Defensores de Familia, a los Comisarios de Familia, a los jueces de Familia y a los Magistrados de Familia.

Es un contrasentido que los padres “corrijan” a sus hijos a golpes, a los madrazos como se dice popularmente, que los integrantes de la pareja “concilien sus diferencias” a puñetazos, con palabras soeces y que lleguen hasta el punto de agredirse físicamente y lo peor que causen la muerte y digan que no les importa pagar esa muerte con cárcel. Que un usuario de la justicia llegue a una oficina estatal y deba esperar hasta dos horas para que lo atiendan mal o lo censuren por haberse dejado agredir o haber dado motivo para que lo agredieran. La ley sin un buen operador de justicia puede generar el efecto negativo de la injusticia.

A principios de mayo de 2016 tuve la buena suerte de asistir a una audiencia en la que el juez, un verdadero SEÑOR JUEZ, demostró ser persona prudente que inspira respeto y se muestra modestamente sabio. Y su equipo de trabajo sigue su valioso ejemplo.

Es un juez que tiene pasión de la buena por su oficio, que sabe que en la audiencia hay seres humanos, que no es prepotente, que mira de manera amable, que no prejuzga, que actúa con la idea de acertar en lo más justo, de no equivocarse, que sabe que su decisión debe generar satisfacción para la partes no importa que niegue las pretensiones. Habrá actores que no estarán de acuerdo con los fallos, pero jamás censurarán la honradez y la ponderación del JUEZ. Cada palabra que pronuncia lleva un mensaje de confianza y una voz positiva y confiable.

Los códigos disponen que el juez es el director el proceso, pero para nada se refiere a la necesidad de que el funcionario muestre calidades humanas y menos que se comporte decentemente. Por eso hay quienes imitan el actuar de las máquinas y arrasan con lo que encuentran por delante así sean la misma Constitución y las leyes las que resulten lesionadas.

Los comportamientos humanitarios vienen de las buenas enseñanzas del hogar y de la experiencia decantada. Bien por los juzgadores que rinden culto a la decencia y a la bondad como el buen juez MAGNAUD. Ellos son verdaderos sembradores de PAZ. Y si de verdad queremos paz o mejor si queremos, en términos amplios, MINIMIZAR LA GUERRA necesitamos soluciones en justicia, que inspiren respeto y acatamiento.

Y la cita de esta experiencia es para que todas las personas que directa o indirectamente debemos ayudar a solucionar conflictos de familia nos preparemos, nos corrijamos y para ser buenos conciliadores y en términos muy amplios, para ser buenos jueces.

Bogotá, 30 de mayo – 5 de junio de 2016.

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