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Petro la emprendió contra la Bienestarina: «Nos está costando un ojo de la cara»

El presidente Gustavo Petro pidió un cambio en la política alimentaria para las clases menos favorecidas, al tiempo que criticó que la producción de la tradicional Bienestarina cuesta «un ojo de la cara» al país y no tiene gran valor nutricional.

«Hoy la Bienestarina nos debe estar costando un ‘ojo de la cara’ al estarla importando, cuando el territorio puede dar la alimentación; si el Estado y el Gobierno ayuda, eleva la rentabilidad de los productos que se pueden conseguir en el territorio», aseguró el mandatario.

la Bienestarina, un complemento alimenticio que desde 1976 el Estado colombiano distribuye en forma gratuita entre las familias más vulnerables del país. Para el presidente, se trata de un producto demasiado caro y poco nutritivo para los colombianos.

La fórmula nació como una mezcla de cereales y legumbres que pudiera aportar un alto valor nutritivo a la población y está basada en el trabajo del químico guatemalteco Ricardo Bressani que, en 1959, investigó sobre la capacidad nutricional de la mezcla de cereales como el maíz y el frijol y otras leguminosas.

Fue durante el Gobierno de Alfonso López Michelsen (1974-1978), cuando Colombia atravesó la inflación más alta de su historia y las familias se empobrecieron, que el país diseñó un Plan Nacional de Alimentación y Nutrición (PAN), que incluyó por primera vez la distribución gratuita de la fórmula, destinada a combatir la desnutrición en las familias con menos recursos.

Las primeras ediciones de la Bienestarina eran una mezcla de harina de trigo, fécula de maíz y leche en polvo, que con los años fue agregando nuevos ingredientes como harina de soya y se reformuló en el año 2000 para añadirle vitaminas una mezcla que en la actualidad tiene nueve vitaminas, entre ellas la A, C y la D, y cinco minerales entre los que se destacan el hierro y zinc.

En la actualidad, el complemento es distribuido por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y se entrega en paquetes de 900 gramos. Además de su sabor original, se presenta en sabores de fresa y vainilla. El propio instituto recomienda usar la mezcla en cremas y sopas, bizcochos, tortas, panes, pasteles e incluso en comidas como croquetas y torrejas.

En efecto, si bien es cierto que la fórmula se elabora en Colombia, alguno de sus ingredientes deben ser importados como la soya, la fécula de maíz o el trigo, aclara el medio Semana.

Petro también criticó que en el proceso de distribución haya un «contratista», señalando que se trata de un modelo «muy neoliberal». En efecto, Semana informó que el ICBF firmó un contrato con la empresa Ingredion Colombia S.A. para proveer el alimento que terminará recién en 2027.

Los cuestionamientos de Petro al combate a la desnutrición desembocaron en la renuncia de la directora del ICBF, Concepción Baracaldo. Apenas asumida, su sustituta, Astrid Cáceres, anunció el inicio de un proceso de transición de la Bienestarina hacia otros productos que serán enteramente colombianos y tendrán «mayor valor nutricional».

En declaraciones a Blu Radio, Cáceres aseguró que el Gobierno está investigando seis nuevos productos que podrían sumarse al programa y que se fabricarían con «insumos locales».

De todas maneras, dijo que la entrega de Bienestarina no sería discontinuada «de un momento a otro» sino que se buscaría añadir opciones para la alimentación de las familias. Para la jerarca, el mayor error cometido por Colombia fue haber considerado al suplemento alimenticio como la única alternativa para combatir la desnutrición en las familias.