El consumo de estupefacientes en Colombia: Va de la cocaína y marihuana hasta la morfina, el fentanilo y el tramadol
–Colombia no solo es el gran productor de estupefacientes, sino que se está convirtiendo en gran consumidor. Pero este consumo no se reduce a marihuana y cocaína, sino que se extiende a otras sustancias psicoactivas como la morfina, el fentanilo y el tramadol, de acuerdo con el informe presentado este lunes por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
En Colombia, el 10.3% de la población en edades entre 12 y 65 años ha consumido sustancias psicoactivas ilícitas alguna vez en la vida y cerca de 800 mil personas (3.4%) reportan consumo en el último año, porcentaje que es más de dos veces superior en hombres que en mujeres. La edad de inicio promedio se sitúa a los 14.1 años, que corresponde a la intersección entre la adolescencia y la juventud. (ODC, 2019)
El 84% de las personas declaró haber consumido bebidas alcohólicas alguna vez en la vida y el 30.1% lo ha hecho en el último mes, lo que equivale aproximadamente a 7.1 millones de personas. Cerca de 1.5 millones de personas entre 12 a 65 años presentan uso riesgoso o perjudicial, lo que equivale al 6.1% de la población total del país (ODC, 2019).
El 39.6% de los estudiantes asocia el consumo de alcohol con un riesgo leve. Después del alcohol, la nicotina es la sustancia que más se consume; el 10.1% de las personas encuestadas declaró haber fumado tabaco/cigarrillo en el último mes y un 5.7% de la población colombiana declaró fumar diariamente (ODC, 2019).
Sobresale que solo un 7.4% de los escolares percibe que fumar cigarrillos de vez en cuanto no genera ningún riesgo. Sin embargo, el 14% no conoce los riesgos del consumo de tabaco.
La marihuana es la sustancia ilícita de mayor uso en el último año (2.7% de la población, cerca de 640 mil personas), seguida por la cocaína (0.6%, cerca de 136 mil personas), éxtasis (0,2%, cerca de 37,400 personas), basuco (0.1%, cerca de 24 mil personas), y heroína (0.02%, cerca de 3,600 personas).
El 37.3% de los estudiantes considera que es fácil acceder a marihuana, seguida de basuco (12.4%) y cocaína (11.9%).
En cuanto a población universitaria, entre 2009 y 2016 se presentó un aumento en 9.2 puntos porcentuales en la prevalencia de consumo de SPA ilícitas, pasando de 13.4% a 22.6% en este periodo.
Esta prevalencia es mayor comparada con otros países de Latinoamérica
como Ecuador (12.7%), Bolivia (6.1%), y Perú (6.3%). Además, a través del Sistema de Alertas Tempranas, se han detectado 47 nuevas sustancias psicoactivas en Colombia.
En relación con el involucramiento parental, en los estudiantes que perciben un bajo involucramiento de los padres en su vida, el 31.3% ha consumido drogas (marihuana, cocaína, bazuco, inhalables, éxtasis) en el último año, mientras que los estudiantes que reportaron alto involucramiento de sus padres, tan solo el 3,5% manifestó haber consumido alguna sustancia ilegal en el último año (ODC, 2016).
En el periodo 2013 a 2020 un total de 28,541 personas resultaron positivas para al menos una sustancia psicoactiva al momento de la muerte.
El alcohol se identificó la sustancia con mayor número de casos con 24,723, seguido por la cocaína con 3,469 y, la marihuana con 1,813 muertes. (ODC – INML, 2021).
En los espacios consultivos territoriales se identificó una percepción de aumento en el consumo de drogas vinculada con mayor distribución y disponibilidad, no solo en el ámbito urbano sino en zonas rurales.
Además, los participantes relacionaron la falta de oportunidades – especialmente para los jóvenes -, de alternativas para ocupar el tiempo libre, el débil soporte social, la descomposición familiar y la falta de apoyo emocional como factores que influyen en el consumo de drogas.
En estos diálogos se hizo referencia a la desesperanza de los jóvenes y la falta de proyectos de vida que les den una perspectiva de futuro.
Consumos de alto impacto y exclusión social
Aproximadamente 350 mil personas cumplen criterios indicativos de uso problemático, sugiriendo una muy alta proporción en comparación con el 13.6% que muestra el Informe Mundial de Drogas.
Una de cada dos personas que usan sustancias psicoactivas presenta algún tipo de problema con el consumo, ya sea físico, psíquico, familiar o social, siendo esta relación mayor entre los hombres.
A diferencia de la mayor parte de los países de la región de Latinoamérica y el Caribe, en Colombia se presenta consumo de heroína por vía pulmonar y por vía inyectada en los principales centros urbanos del país.
Se estima que alrededor de 8 mil personas se inyectan drogas en Armenia, Cúcuta, Cali, Medellín, Bogotá y Pereira/Dos Quebradas, según estudios de 2022 (ODC, Salud, ENTerritorio, Salutia, & CES, 2021). La evidencia muestra que la inyección de drogas es una práctica corriente en estas ciudades y que las personas que se inyectan drogas no solo presentan altas prevalencias de VIH (entre 3.2% y 23.9%) y hepatitis C (entre 10.7% y 80.2%), sino también se ven
afectadas por sobredosis y diversas afectaciones físicas y mentales.
Frente a los factores asociados a la infección por VIH entre personas que se inyectan drogas, además de prácticas de riesgo como el uso compartido de equipos de inyección (jeringas y resto de insumos), hay otros factores determinantes como las condiciones de vida precarias y pertenecer a estratos
socioeconómicos bajos -incluido el habitar la calle- (entre 5% y 34% está en esta condición), o tener bajos niveles de escolaridad. Además, dos terceras partes de las PID derivan sus ingresos de fuentes de trabajo informales (ODC, Salud, ENTerritorio, Salutia, & CES, 2021).
Estos factores elevan el riesgo de mortalidad asociada, de desarrollar consumos problemáticos y de enfermar.
También se evidencian mayores tasas de infección por VIH y hepatitis C en las personas que consumen de forma asociada basuco y heroína, especialmente en población vulnerable, como personas habitantes de calle (MSPS, 2022).
Otro tema de relevancia, es el relacionado con el consumo sin fines terapéuticos, prolongado, indebido o sin supervisión médica de opioides que se utilizan de manera legal para el tratamiento del dolor, que incluyen fármacos como la morfina, el fentanilo y el tramadol, que puede generar dependencia, sobredosis y otros problemas de salud (OMS, s.f.).
Según datos del Observatorio Colombiano de Cuidados Paliativos, el 0.86% de los encuestados han consumido opioides sin prescripción médica. Se plantea entonces un desafío frente al control de los opioides, al ser estos medicamentos esenciales de acuerdo con los estándares internacionales de salud, pero al mismo tiempo sustancias fiscalizadas por el sistema internacional de control de drogas (Pereira Arana, 2019).


