Fotos: IDRD.
Colombia sumó una medalla de oro a los resultados de su participación en los XX Juegos Bolivarianos 2025 disputados en Asunción Paraguay. La figura fue Miguel Arcángel Peña, quien alcanzó su primer gran triunfo internacional al quedarse con el oro en la prueba de los 20 kilómetros de marcha.
Tras unos años de altas y bajas, el caminante bogotano obtuvo la medalla de oro en la prueba de los 20 kilómetros en los Juegos Panamericanos Junior Asunción 2025, su primer gran triunfo internacional. Te presentamos a este joven bogotano, sencillo, buena gente, estudioso, dedicado a lo suyo, en esta historia de fe y perseverancia de Carlos A. Gracia B. periodista del Instituto Distrital de Recreación y Deporte – IDRD.
Miguel, un ‘Arcángel’ a toda marcha
La inmensa fe de doña Gloria Yamile León Patiño, la llevó a bautizar a su primogénito Miguel Arcángel, como homenaje a San Miguel Arcángel -el guerrero defensor de la iglesia y sus fieles- y segura de que su hijo sería un luchador en la vida, echado para adelante y perseverante.
No se equivocó. Desde su nacimiento el 7 de agosto de 2004, en su casa del barrio La Pradera, en la localidad de Ciudad Bolívar, ella veía que su hijo era inquieto, hiperactivo, siempre buscaba algo que hacer para aprender y nunca se daba por vencido, hasta que lograba lo que buscaba.
Así lo notaron también de niño en el Colegio Kinder Garden, donde hizo la primaria, y luego en el Colegio CEIF Ciudad Bolívar, donde terminó bachillerato. Un joven normal, dedicado a salir adelante. Era buen estudiante, aunque “le daban en la cabeza” las matemáticas y la física, pero se las arregló para sacarlas adelante y poder graduarse. Sus materias preferidas eran sociales, biología y educación física.
Y ahora también lo notan en la IU Digital de Antioquia, en la que cursa cuarto semestre de Administración de Empresas, donde lo ven estudiar virtualmente muy juicioso, y cuadrando su horario para poder entrenar y no descuidar nada.
Su momento cumbre hasta el momento, cuando cruza la meta para ganar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos Junior. Explosión de júbilo que marca un antes y un después en su carrera.
Miguel Arcángel recuerda ese tramo de su vida, con un hecho que marcó su existencia.
“Yo era casposo, inquieto. Y como a todos, me dieron chancleta. La verdad si era cansón, pero no fastidioso, ni irritable. Los profes a veces recochaban conmigo. Recuerdo un día en que mi mamá me dio el punto de quiebre para mi vida. No fui al colegio, y la profesora la llamó toda furiosa, que qué pasó que yo no había ido; pues me quedé jugando videojuegos en la casa de un amigo”, dice sonriendo.
Y continúa su relato:
“Cuando regresé a casa, todo tranquilo, dije ya fui a estudiar y tal, me dejaron varias tareas. Y mi mamá de una me gritó ‘mentiroso, a mí me llamó su profesora y me contó que no fue’. Mi mamá, muy brava, me castigó con el entreno y yo alegándole y llorando que no, que me dejara ir, pero nada. Me dijo ‘las cosas se ganan… cómo así que no va a estudiar, me hace perder el tiempo y el dinero invertido en usted. Así no son las cosas’. Y bueno, ahí aprendí que la honestidad y la responsabilidad van de la mano y es lo que lo hace a uno buena persona, buen profesional”.
Eso lo refleja en su vida, con su familia. Su mamá es madre cabeza de familia y siempre ha trabajado duro para sacar adelante a sus hijos. Se apoyan mutuamente y jalonan a su hermano Marlon Emilio –de quien dice entre risas “es flojo para el deporte, no le gusta”-, y la menor, Sara Sofía, a quien está apoyando con todo porque está comenzando su carrera deportiva.
No le salía una
Miguel empezó como todo niño que quería hacer deporte. Con el fútbol, “pero yo era muy malo, mucho. Luego pasé a atletismo y hasta en la marcha yo también era malo. No daba pie con bola ja ja ja ja”.
Comenzó con la marcha por amor, por pasión. Se enamoró de este deporte por su técnica. De pequeño, luego de que le hicieran el proceso de correr, saltar, lanzar, etc., conoció a James Rendón y Alexander Castañeda, quienes le dijeron que hiciera marcha.Miguel les dijo que no le gustaba, que se movían todo raro. Lo convencieron, lo intentó, fue muy difícil, le dolía el cuerpo. Pero cuando aprendió bien la técnica, le encantó.
Empezó a trabajar con esmero y dedicación, sentía que mejoraba, pero los resultados eran adversos. Él seguía insistiendo, pero nada cambiaba. No entendía qué pasaba.
En 2019 se dio el hecho que empezó a enderezarle el rumbo. “Mi mamá siempre estaba conmigo, hasta cuando quedaba de último, y a mí, eso me daba mucha pena. Mi mamá siempre ha sido mi motor, siempre ha estado ahí. Y fue la que me hizo cambiar el chip, porque ese año (2019) -cuando no ganaba nada-, me agarró y me dijo firme ‘bueno mijo, póngase serio y gane algo; porque yo lo veo dedicado todos los días que va a entrenar y luego a competir, y nunca se la da. Entonces, ¿qué es lo que quiere usted?’”, manifestó.
Ese mismo año, Miguel Arcángel compitió en los Juegos Intercolegiados y logró la medalla de bronce.
“Y ahí si ya ella creyó en mí, en que podría llegar lejos ja ja ja ja. Y obvio me siguió apoyando; independiente de eso, mamá es mamá y siempre está con uno. Y yo me di cuenta que sí podía”, indicó.
Por fin el oro
Miguel ha tenido desde entonces buenas actuaciones, en general, pero estaba huérfano de una victoria grande, que lo catapultara. Solo un oro en el Suramericano de 2021 en Asunción era lo mejor. Hasta que llegó, curiosamente de nuevo en Asunción, esta medalla de los Panamericanos Junior.
“Ganar esa medalla fue una sensación casi indescriptible. Fue algo muy bonito ganar en un evento tan importante. La estrategia estaba marcada desde días anteriores, de lo que habíamos trabajado con mi entrenador. Yo me sentía muy bien, pero él no quería que yo saliera a darle con todo de una vez; el ecuatoriano si salió fuerte a poner paso, un ritmo duro, como a decirnos vengan a ver a qué vinimos”, relató.
“La idea era mantenernos terceros, esperando el momento en el que él me dijera cambio de ritmo y ya irme y darlo todo para buscar la victoria. Me sentía con buenas sensaciones, yo quería atacar desde la vuelta 20 (eran 50), pero mi entrenador me decía que quieto, que tranquilo, que no era el momento, sobre todo por los jueces, que estaban muy exigentes, porque casi a todos nos sacaron tarjeta. Yo me mantuve entonces en lo mío, en mi estrategia, tercero o cuarto”, continuó.
Y siguió:
“ya cuando llegó el momento, faltando 15 vueltas (6 kms), cambié ritmo, apreté el paso y me fui con todo a ver quién me seguía. Solo fui apretando cada kilómetro para andar lo más rápido posible y me fui. Incluso por eso fue que me amonestaron, por el cambio de velocidad”, sostuvo.
Poco a poco fue tomando más metros, hasta tener una ventaja cómoda que le permitiera manejar tranquilo la prueba, e irse a la meta. Ya en las últimas cuatro vueltas, viendo que la ventaja era buena, la emoción era mucha y lloró un poco, y hasta un rival al que le tomó vuelta, le dijo al pasarlo “gócelo campeón, dele, disfrútelo”; pero cada vez que pasaba por la meta lloraba más fuerte al ver a su entrenador, a sus compañeros del equipo de Colombia, y a la gente que estaba viendo la prueba; y le daba más rápido para acabar pronto.
