Dos sacerdotes murieron al salvar a 2 monaguillos que se estaban ahogando en Ecuador: “No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos»
–Los sacerdotes Alfonso Avilés Pérez, miembro de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote y párroco de San Alberto Magno en la Diócesis de Daule; y Pedro Anzoátegui, que sirvió en la Diócesis de San Jacinto, no dudaron en acudir al rescate de los jóvenes que participaban en un retiro de monaguillos por Cuaresma, que se realizaba en la localidad costera de Playas, donde los menores ingresaron al mar.
Martha de Murillo, quien fuera secretaria del P. Alfonso durante más de 20 años, dijo a ACI Prensa que en la Misa celebrada en la Parroquia San Alberto Magno, el superior de la comunidad del fallecido presbítero, el P. Lope Pascual narró los hechos.
La tragedia ocurrió el viernes pasado. El padre Lope, en su homilía de este sábado, contó que LOS dos monaguillos estaban en peligro de ahogarse y los padres se lanzaron a rescatarlos» y salieron los monaguillos, gracias a Dios, pero lamentablemente los padres no”.
Todos los jóvenes que participaron en el retiro están bien físicamente, fuera de peligro y fueron llevados a sus casas.
En la Misa que presidió el Cardenal Luis Cabrera, Arzobispo de Guayaquil, encomendó a los sacerdotes a Dios y, visiblemente emocionado, pidió orar por “nuestros hermanos Alfonso y Pedro, a quienes el Señor, en estas circunstancias, hoy los colma de su gracia y bendición”.
El P. Alfonso Avilés Pérez nació en 1966 en Murcia (España). Después de estudiar filosofía y teología fue ordenado sacerdote en 1990. “Con más de 30 años de sacerdocio y nueve años de servicio en nuestra parroquia, deja un legado de fe, cercanía y amor por la comunidad”, resaltó la parroquia.
Antes de su llegada a la parroquia San Alberto Magno, ejerció también su ministerio como párroco de Santa Teresita en Entre Ríos, donde acompañó a la comunidad y fortaleció la vida de fe de muchas familias, señala un boletín de prensa de la primera parroquia.
Impulsó iniciativas de catequesis familiar, adoración eucarística y formación de monaguillos, pilares fundamentales de su misión evangelizadora. En 2021 recibió un reconocimiento del Municipio de Samborondón por su aporte espiritual y comunitario.
Una frase que repetía constantemente era: “¡Al ataque, que la meta es el cielo!”.
A la parroquia San Alberto Magno llegaó una gran cantidad de fieles, incluidas la primera Dama y esposa del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, junto a la madre del mandatario, Annabella Azín y Lavina Valbonesi, respectivamente, quienes rezaron unos minutos en el lugar, donde se celebró la Misa de exequias para luego proceder al entierro en el Panteón Metropolitano.
“Murió el sacerdote más santo qué he conocido: Alfonso Avilés. Sus homilías eran espectaculares. Era mi amigo. Nos vimos pocas veces pero el lazo espiritual que nos unía era muy fuerte”, dijo a ACI Prensa el director de la Oficina de Iberoamérica del Population Research Institute, Carlos Polo.
“Aunque pasaran años, cada vez que lo veía, él se adelantaba y me decía que seguía rezando por mi hijo como se lo había pedido la primera vez que hablamos. Murió en su ley, la del amor”, agregó Polo, y recordó la cita del Evangelio de San Juan 15, 13: “No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos».
Un joven profesional que fue monaguillo del P. Avilés contó a ACI Prensa que al sacerdote le encantaba el mar. “Nos educó en la templanza, nos inculcó el anhelo de ser caballeros, héroes, guerreros, personas de bien y buenos hijos de Dios. Siempre decía que los mejores debíamos estar al servicio de Dios, que no podíamos ser blandengues. Tenía la llama encendida, a cualquier hora, en cualquier conversación, por más corta que sea. Estoy tan apenado”, compartió.
El P. Anzoátegui nació en 1982. Fue ordenado el 20 de noviembre de 2010 en la Catedral de Guayaquil. Sirvió en la parroquia Santa Cruz de Durán en San Jacinto, acompañando a fieles y monaguillos. También sirvió en Guayaquil.
“Queridos hermanos, creo que me van a entender que no voy a decir muchas palabras porque todos estamos en este impacto, bajo este impacto y es difícil dirigir las palabras en estos momentos. Pero cuando nuestras palabras humanas no bastan, hay que hacer caso a Dios”, afirmó Mons. Cristóbal Kud?awiec, Obispo de Daule, en la Misa que presidió en la parroquia San Alberto Magno por el eterno descanso del P. Avilés.
“Y para estas ocasiones tan difíciles, tan duras, el Señor nos envía unas palabras importantes, no para consolarnos, porque a veces es muy difícil consolarnos después de un impacto fuerte (…) pero es para entender un poco lo que él nos quiere manifestar a través de los hechos, iluminado por su palabra”, agregó.
Ante las preguntas que los fieles se pueden hacer sobre los proyectos del fallecido sacerdote o las razones de su muerte, el prelado recordó que Dios “no se equivoca y su voluntad es santa. Y nosotros como simplemente humanos tenemos que afirmarlo siempre, incluso en los momentos cuando se quiebra nuestra alma”.
Sobre los interrogantes profundos como el objetivo de esta vida terrena, el obispo destacó que “sin amor a Dios y al prójimo, la vida no tiene sentido. Ni siquiera los sacrificios tienen sentido, porque esto es la esencia de la vida”.
“Frente a esta noticia tan triste, tan impactante, nosotros solamente podemos decir, creo en ti Señor Jesús. Confío en ti Jesús. Y confío que lo que tú me ofreces como una enseñanza, a través también de algunos acontecimientos impactantes, es para mi bien”, agregó. (Información Walter Sánchez Silva, Aciprensa).

