El día que el Papa León XIV sufrió con el servicio al cliente de su banco en Chicago: «¿No sabes quién soy yo?»
–(Foto Daniel Ibáñez/Vattican News). En un episodio que parece más el guion de una comedia de televisión que un hecho real del Vaticano, dos meses después de que Robert Francis Prevost, un cardenal nacido en Chicago, fuera elegido Papa León XIV, se encontró a merced de una representante de atención al cliente de su banco.
La historia, que ahora circula en las redes sociales y que fue recogida inicialmente por The New York Times, fue compartida por el P. Tom McCarthy, un sacerdote agustino y amigo de toda la vida del Papa, durante una reunión en Naperville, Illinois (Estados Unidos).
Según el P. McCarthy, el líder de la Iglesia Católica mundial decidió que ya era hora de actualizar sus registros bancarios personales.
Al llamar a la sucursal local de su banco en su ciudad natal, el Papa se identificó con su nombre de nacimiento, Robert Prevost, y explicó que necesitaba actualizar el número de teléfono y la dirección de su cuenta.
Comenzó el control de seguridad. Uno a uno, el Papa dio las respuestas correctas a las preguntas de verificación del banco. Pero como bien sabe cualquiera que haya lidiado con un centro de atención telefónica, «correcto» no siempre es suficiente.
Le dijeron que no era suficiente, que tendría “que venir en persona”, relató el sacerdote ante las risas de los asistentes.
El Papa, sintiendo ahora el peso del océano Atlántico y los muros del Palacio Apostólico entre él y su cajero local, respondió: “Bueno, eso no va a ser posible, no voy a poder hacerlo (…) Le he dado todas las respuestas a las preguntas de seguridad”.
La versión definitiva de «¿No sabes quién soy yo?»
La empleada se disculpó, pero se mantuvo firme. Finalmente, el Papa decidió jugar su única carta restante.
“¿Le importaría si le dijera que soy el Papa León?”, preguntó.
La respuesta fue inmediata. Creyendo que se trataba de una broma telefónica de alguien particularmente insistente, la empleada le colgó.
Afortunadamente para el Santo Padre, el problema se resolvió, no a través del sistema telefónico oficial del banco, sino mediante el clásico método de Chicago de «tener un contacto». Otro sacerdote con línea directa con el presidente del banco intervino para desbloquear la cuenta papal.
Aunque la cuenta bancaria ya está al día, el destino de la mujer al otro lado de la línea sigue siendo un misterio.
“¿Te imaginas ser conocida como la mujer que le colgó el teléfono al Papa?”, preguntó el P. McCarthy.
Resulta que, si bien el Papa puede tener las llaves del Reino, las llaves de una cuenta corriente en Chicago son un poco más difíciles de conseguir, como ilustra esta historia con la que muchos se sentirán identificados. (Información Alyssa Murphy, Aciprensa).

