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Palmira y Cali entre las 20 ciudades más peligrosas de América Latina y el Caribe; Medellín, entre las más seguras

–(Imagen ilustrativa). En total, 41 de las 50 ciudades más violentas del mundo se encuentran en América Latina y el Caribe, y dos de ellas son de Colombia, de acuerdo con el último ranking correspondiente a 2025 elaborado por la organización no gubernamental mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal.

Las ciudades colombianas están en el mismo departamento: Valle del Cauca. Ellas son Palmira, que ocupa el puesto 17, por una tasa de homicidios de 55,67 por cada 100 mil habitantes, y Cali, la capital regional, que cierra el top 20 de las urbes más peligrosas de la región.

La capital de Haití, Puerto Príncipe, encabeza la tabla en América Latina y el Caribe, al registrar el mayor número de homicidios del mundo. Son cerca de 198 por 100 mil habitantes, de acuerdo con la clasificación.

Y la gran mayoría de las 20 ciudades más violentas del mundo se concentran en dos países de América Latina: Ecuador y México.

Las 20 ciudades más peligrosas de América Latina y el Caribe, con su respectiva tasa de homicidios, son en su orden:

1 – Puerto Príncipe, Haití, 197,43
2 – Babahoyo, Ecuador, 166,0
3 – Machala, Ecuador, 116,65
4 – Quevedo, Ecuador, 109,0
5 – Culiacán, México, 103,91
6 – Manabí Centro, Ecuador, 103,77
7 – Guayaquil, Ecuador, 91,1
8 – Ciudad Obregón, México, 90,81
9 – Esmeraldas, Ecuador, 90,56
10 – Manzanillo, México, 88,16
11 – Zamora, México, 85,37
12 – Colima, México, 83,4
13 – Acapulco, México, 71,12
14 – Irapuato, México, 62,0
15 – Ciudad Juárez, México,60,0
16 – Tijuana, México, 57,9
17 – Palmira, Colombia, 55,67
18 – Celaya, México, 53,74
19 – Cuernavaca, México, 51,83
20 – Cali, Colombia, 46,84

Las disputas territoriales, sobre todo por las rutas de tráfico de cocaína, siguen siendo la principal causa de la inseguridad en América Latina y el Caribe, señala Juliana Manjarrés, investigadora de InSight Crime.

«La fragmentación de grupos armados, ya sea por el asesinato o la captura de sus líderes, suele desencadenar olas de violencia entre facciones que compiten por el control de una zona», detalla Manjarrés a DW.

Asimismo, la expansión de las economías ilícitas ha generado violencia homicida, como el mercado de metanfetaminas, la extorsión, los préstamos «gota a gota» (créditos ilegales con tasas de interés abusivas y plazos de pago muy cortos), la minería ilegal y el robo de combustible.

Según la experta de InSight Crime, la militarización y los estados de excepción son factores institucionales que contribuyen a la inseguridad en la región, puesto que «sus efectos suelen ser limitados o incluso contraproducentes».

Atomización de la cadena de narcotráfico
A juicio de Elizabeth Dickinson, subdirectora del Programa para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, otro factor que ha contribuido al aumento de la violencia es «el nivel de atomización en la cadena de narcotráfico».

Hoy día, el crimen organizado se apoya en redes transnacionales. En los numerosos eslabones del narcotráfico – desde la producción de la droga hasta su distribución al consumidor final – pueden participar entre seis y diez organizaciones distintas.

Con ello, explica Dickinson a DW, aumentan las posibilidades de grupos locales de participar en el negocio ilícito y controlar un determinado eslabón.

Aumento de desapariciones
Por su parte, la investigadora Manjarrés también observa un fuerte aumento de las desapariciones en varios países de la región.

«Esto podría deberse a un esfuerzo deliberado de las organizaciones criminales, a cambios en las metodologías gubernamentales de registro, o a ambos factores; pero el resultado es que simplemente no sabemos cuántas de las personas desaparecidas fueron víctimas de homicidio», dice.

Esto impide determinar en qué medida un cambio en la tasa de homicidios se debe realmente a una variación real en los asesinatos.

Las ciudades más seguras

Un panorama muy distinto ofrece el Índice de Seguridad 2026 de la base de datos colaborativa Numbeo, cuyos datos se basan en la percepción de los usuarios y no en estadísticas oficiales.

De acuerdo con esta clasificación, las diez urbes más seguras de América Latina y el Caribe son Querétaro (México), Cuenca (Ecuador), Florianópolis (Brasil), Ciudad de Panamá (Panamá), Monterrey (México), Medellín (Colombia), San José (Costa Rica), Montevideo (Uruguay), Brasilia (Brasil) y Belo Horizonte (Brasil).

Independientemente de cuán seguro sea un país, Elizabeth Dickinson, del International Crisis Group, recuerda que el crimen organizado ha penetrado ámbitos que solían considerarse blindados ante este tipo de amenazas.

«Un gran ejemplo es Ecuador, que hace un par de años tenía uno de los niveles de homicidios más bajos en la región andina y ahora, en solo dos o tres años, ha llegado a ocupar el primer lugar en homicidios» en América Latina, comenta la experta.

De ahí que Dickinson abogue por enfocarse en las raíces de la violencia, aquellos aspectos que aprovecha el crimen organizado para expandirse, como la falta de oportunidades para los jóvenes, la desigualdad y el descontento social.

A pesar de que en países como Haití y Ecuador la situación de la violencia pareciera empeorar de manera continua, Juliana Manjarrés también observa una tendencia positiva en América Latina: «A pesar de desafíos como la falta de datos confiables por parte de países con gobiernos autoritarios, los homicidios parecen estar disminuyendo en la región, incluso tomando en cuenta el aumento de las desapariciones». (Información DW).

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