Aumenta en Colombia la malaria : Solo en el primer trimestre de 2026 se documentaron más de 15.000 casos,
–(Imagen UNAL). Aunque en 2024 los esfuerzos globales evitaron cerca de 170 millones de casos y un millón de muertes por malaria, Colombia enfrenta un escenario complejo: el aumento de la incidencia de la enfermedad en zonas críticas, la persistencia de barreras geográficas y culturales, y las nuevas amenazas biológicas que pueden dificultar el diagnóstico y el tratamiento oportuno. La malaria (o paludismo) se transmite principalmente a través de la picadura de mosquitos hembra infectados del género Anopheles. Estos mosquitos actúan como vectores, transportando parásitos del género Plasmodium de una persona infectada a una sana. Y compiten en el territorio colombiano con el Aedes aegypti que transmite la fiebre amarilla, similar a la transmisión del dengue.
Según el Informe mundial sobre la malaria 2025 de la OMS, en 2024 la carga global aumentó levemente hasta alcanzar 282 millones de casos. De las Américas, Venezuela, Brasil y Colombia concentran más del 75 % de la carga total, y el Informe ubica a Colombia entre los países en donde la incidencia aumentó durante ese año, junto con Haití y Panamá.
El médico infectólogo Juan Sebastián Bravo, del Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN), advierte que en el país la incidencia anual promedio oscila entre 80.000 y 100.000 casos. Los datos más recientes muestran que solo en el primer trimestre de 2026 ya se documentaron más de 15.000 casos, concentrados especialmente en Chocó, Antioquia, Córdoba, Guainía y Nariño.
La geografía colombiana también pesa en esta realidad, ya que cerca del 70 % del territorio se encuentra por debajo de los 1.600 msnm, una condición favorable para la presencia del mosquito Anopheles, transmisor de la enfermedad. En Colombia predomina Plasmodium vivax, parásito responsable de cerca del 80 % de los casos, seguido por P. falciparum, con alrededor del 20 %, además de infecciones mixtas.
“En el escenario de un síndrome febril agudo en el trópico, la primera posibilidad para nuestro talento humano en salud debe ser malaria”, enfatiza el experto.
Resalta además que el síntoma principal es la fiebre, pero advierte sobre la malaria complicada, que puede comprometer órganos como los sistemas neurológico, metabólico y pulmonar, con una mortalidad cercana al 100 % si no se trata a tiempo.
Uno de los puntos críticos en el manejo de la enfermedad es la resistencia a los antimaláricos. La OMS ha documentado la propagación de resistencia parcial a la artemisinina, lo que pone presión sobre los medicamentos asociados. Según el doctor Bravo, en Colombia es fundamental cumplir estrictamente los tratamientos de 3 días para P. falciparum y 14 días para P. vivax, con el fin de evitar que los parásitos desarrollen mecanismos de adaptación.
El infectólogo también alerta sobre las deleciones de los genes pfhrp2/3 en los parásitos, una amenaza biológica que ya se ha observado en el país. Esta alteración genética puede hacer que las pruebas rápidas basadas en la proteína HRP2 arrojen falsos negativos, lo que retrasa el diagnóstico y complica el manejo oportuno de los pacientes.
Para enfrentar las barreras geográficas y culturales que persisten en zonas rurales, el HUN, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) ha fortalecido la estrategia “Conectando la salud a la región”, desarrollada junto con la Facultad de Medicina con el propósito de acercar el apoyo especializado a los territorios.
El doctor Bravo destaca experiencias en departamentos como Nariño, Arauca y Putumayo, en donde la tecnología permite acortar distancias de hasta 800 km y apoyar a los equipos locales en el ajuste de tratamientos y diagnósticos oportunos.
“A través de la tecnología podemos acceder a laboratorios e información del estado general del paciente, tomando decisiones concertadas con los equipos en el territorio, quienes son los verdaderos expertos al ver estos casos día a día”, afirma.
El camino hacia la meta de eliminar la malaria en 2030 requiere un enfoque interdisciplinario que integre medicina humana, veterinaria y control vectorial. También exige fortalecer el trabajo comunitario, como los programas de capacitación a líderes locales para realizar pruebas diagnósticas rápidas y supervisar tratamientos en sus comunidades.
“Los principales desafíos para Colombia son cerrar las brechas culturales, garantizar la disponibilidad de medicamentos de calidad y mantener una vigilancia epidemiológica robusta a través del Instituto Nacional de Salud”, concluye el experto. (Información Agencia de Noticias UNAL).

