León XIV da histórico discurso sobre migración en Islas Canarias: “La dignidad humana no pierde valor al cruzar una frontera”
–(Imagen Vatican News). El Papa León XIV se desplazó desde Barcelona hasta las islas atlánticas españolas de las Canarias, donde el drama migratorio es muy patente: hasta allí llegan miles de inmigrantes que todos los años se juegan la vida en travesías marítimas inciertas para alcanzar territorio europeo.
Precisamente, el muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, fue conocido en 2020 como «puerto de la vergüenza», puesto que se hacinaron más de 2.300 inmigrantes durante varios días. Por ello, el drama migratorio «debe convertirse en examen de conciencia», dijo el Pontífice.
El Papa se refirió a los monstruos del mar bíblico, el Leviatán y Rahab, y a los de hoy: las mafias que trafican con la desesperación, los tratantes que esclavizan a mujeres y niños, y “la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido”. El peor monstruo es el acostumbramiento.
Pero la fe, dijo, “no se queda paralizada ante el poder del mar”. Israel lo cruzó para salir de la esclavitud. Cristo caminó sobre las aguas y ordenó a la tormenta “¡Calla, enmudece!” (Mc 4,39). De ahí la frase que sostiene todo el discurso: “Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas”.
El Papa expreso que la voz de los dramáticos testimonios de inmigración que escuchó en Arguineguín lleguen «a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas» sobre esta cuestión. «Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?», subrayó.
Por eso, fustigó a Europa: «No puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».
«Nadie es capaz de pasar el mar de este mundo si no lo lleva la cruz de Cristo», dijo el Papa León XIV a los religiosos en Canarias. Poniendo como ejemplo al venerable Antonio Vicente González, conocido como “el buen pastor canario”, el Santo Padre nos recuerda que «la primera… pic.twitter.com/iuYiWJ6Rdd
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La indignación de León XIV resonó a solo 24 horas de que entre en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo, que consagra el principio de retención en frontera y permite a los países liberarse de acoger la cuota de refugiados que les corresponde para ayudar a los países receptores si abonan 20.000 euros por persona.
El papa también exhortó a los países de origen de los inmigrantes a crear «condiciones de paz, justicia y desarrollo», y a los de tránsito les pidió «proteger y no dejar a los débiles en manos de redes criminales». Y demandó «una cooperación eficaz y perseverante» de toda la comunidad internacional.
León XIV igualmente subrayó que «la dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra».
«Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar -sintetizó-: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños».
«No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido», reprochó León XIV a toda la comunidad internacional,
Durante su visita al puerto de Arguineguín, un grupo de jóvenes entregó al Papa León XIV un ramo de flores que posteriormente fue ofrecido al mar, en memoria de las personas que perdieron la vida intentando alcanzar un futuro mejor.
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En este drama, aseguró el pontífice, «la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados» en el mar.
Y se preguntó «si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar». «La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegado únicamente a algunos voluntarios». «No podemos pasar de largo ante los cayucos y las pateras», resaltó. (Información DW).

