La sangrienta historia de las ejecuciones fallidas en EE.UU, tras el caso de Crista Pike: Cabezas desprendidas o envueltas en llamas, venas colapsadas y tortura prolongada
–El reciente percance en la ejecución de Christa Pike, quien sobrevivió a dos dosis completas de pentobarbital tras permanecer despierta y mantener pulso en la sala de ejecución, expuso una vez más en evidencia las graves fallas del sistema penal estadounidense. Pike se convirtió en la primera reclusa condenada a muerte en sobrevivir a una inyección letal en Tennessee, pero su caso es solo el último capítulo de una larga y espantosa historia de ejecuciones fallidas en EE.UU., que abarca desde cabezas que estallan en llamas hasta verdugos en estado de ebriedad.
Según datos recopilados por el Centro de Información sobre la Pena de Muerte y el académico Austin Sarat en su obra ‘Gruesome Spectacles’, aproximadamente el 3,15 % de las 8.776 ejecuciones llevadas a cabo en EE.UU. entre 1890 y 2010 presentaron graves anomalías. Contrario a la narrativa oficial de un procedimiento «humano y clínico», la inyección letal registró la tasa más alta de fallos, con un 7,2 %, superando con creces a la cámara de gas (5,4 %), la horca (3,12 %) y la silla eléctrica (1,92 %).
Los registros históricos documentan episodios donde la incompetencia técnica y la falta de protocolos convirtieron las salas de ejecución en auténticas salas de tortura:
Durante la ejecución de John Evans en Alabama, en 1983, los electrodos ardieron e hicieron estallar chispas desde su sien, requiriendo tres descargas durante 14 minutos que dejaron el cuerpo calcinado. En Florida, la ejecución de Jesse Tafero, en el año 1990, produjo llamas de 15 centímetros en su cabeza por usar una esponja sintética inapropiada. Años después, en el mismo estado, la cabeza de Pedro Medina estalló en fuego llenando la sala de un denso humo.
En Misisipi, Jimmy Lee Gray falleció tras golpear repetidamente su cabeza contra un poste de acero dentro de la cámara de gas mientras los testigos contaban sus gemidos. Posteriormente se reveló que el verdugo oficial, Barry Bruce, se encontraba ebrio durante el procedimiento.
En 1988, la línea intravenosa de Raymond Landry estalló 2 minutos después de iniciar la inyección letal, rociando químicos mortales por toda la sala hacia los testigos. En Florida, Allen Lee Davis sufrió una hemorragia masiva por la boca que empapó su camisa de sangre antes de morir en la silla eléctrica.
Años después, los verdugos atravesaron las venas de Ángel Díaz inyectando fármacos en tejido blando, lo que prolongó su agonía por 34 minutos y obligó al gobernador Jeb Bush a suspender temporalmente las ejecuciones. En Ohio, Romell Broom sobrevivió tras 2 horas de intentos fallidos e hincadas con agujas, provocando que el procedimiento fuera cancelado mientras el reo lloraba sobre la camilla.
Las investigaciones del profesor Sarat señalan que cada avance tecnológico en la pena de muerte en EE.UU. se ha prometido como una alternativa «segura, eficaz y humana», cuando en la práctica ha dejado una estela recurrente de impericia, sufrimiento innecesario y violencia institucionalizada.
Mientras tanto, Christa Pike en estado grave tras fallida ejecución en EE.UU. «Lo de anoche no fue solo ineficiente; fue cruel y tortuoso», afirmó su abogado, Randy Spivey.
La condenada a muerte Christa Pike se encontraba este jueves en condición crítica en un hospital de Tennessee, después de dos intentos fallidos de ejecución con inyección letal, según informaron sus abogados, Randy Spivey y Stephen Ferrell, que han pedido se le conmute la sentencia.
«No tenemos información precisa sobre su pronóstico ni sobre su estado de salud, sí sabemos que está viva», indicó Spivey a la prensa.
Indicó además que no han podido visitar a la mujer de 50 años en el hospital, donde recibe atención médica vital.
«Lo de anoche me persigue», afirmó Spivey, quien presenció el intento de ejecución de Pike. Agregó que se usaron al menos siete agujas para administrar la inyección letal en el transcurso de una hora, y que al menos una de estas parecía doblada cuando la extrajeron de su brazo.
«Lo de anoche no fue solo ineficiente; fue cruel y tortuoso», afirmó, y recordó que Pike había tenido varios problemas a lo largo de su vida con sus venas y las extracciones de sangre.
Según los abogados, esta era una de las razones por las que rechazaba este método de ejecución y había pedido uno diferente: solicitó la muerte por un pelotón de fusilamiento compuesto solo por mujeres, pero en Tennessee esa no es una opción.
«No era miedo a morir. Era miedo a una muerte prolongada, dolorosa y traumática, y eso fue lo que sucedió, solo que sin llegar a morir», señaló Spivey.
Pike fue condenada a la pena capital en 1996 por el asesinato de Colleen Slemmer, cometido cuando ambas tenían 18 y 19 años respectivamente. Aunque otras dos personas participaron en el asesinato de Slemmer, es la única que recibió la pena capital.
El miércoles sobrevivió a dos dosis de inyección letal, tras lo cual fue llevada, aunque no de inmediato, a un hospital, y casi 24 horas después de lo ocurrido sigue viva y en estado crítico.
Spivey indicó además que le dieron un número de emergencia al que podía llamar a la Corte Suprema de Tennessee si algo salía mal con la ejecución, pero que cuando llamó saltó el buzón de voz, señala NBC.
Tras el incidente, el gobernador del estado, Bill Lee, suspendió las ejecuciones para este año y pidió una investigación, con la que está de acuerdo la Fiscalía General. (Información RT y DW).


