La Caza en Colombia, ¡que oso Diana¡

agosto 10, 2017 8:07 am

Por: Luis Eduardo Forero Medina
Aunque la caza deportiva no cuenta en Colombia con una gran fanaticada, se ha practicado por siglos; hace 150 años Jorge Isaacs describió en su novela María la cacería de un tigrillo que en su batalla por no ser agarrado se llevó por delante varios canes.

Para obtener un permiso de ingreso a un Parque Natural o zona donde se permita practicar la caza deportiva, se tramita ante la Corporación Autónoma Regional respectiva adjuntando fotocopia de la cédula de ciudadanía, indicar la especie o especies sobre las cuales pretende practicar la caza y las armas instrumentos o equipos a utilizar. Las otras modalidades de caza son la de subsistencia que la ejercen por miles de años tribus indígenas; la comercial o de coto; de fomento, principalmente en zoocría; de control y de investigación. La plataforma legal de la caza en Colombia está contenida en el decreto 1608 de 1978 de 250 artículos; en camino de reformarse integralmente y la Ley 84 de 1989 o Estatuto Nacional de Protección de los Animales. La caza deportiva tiene tanto defensores como detractores; sin embargo es una realidad que aves, boas, guacamayas, loros, monos, ocelotes, pericos, tortugas y tigrillos se ofrecen en muchas plazas de mercado en todo el país, que han ingresado por las terminales de transporte aéreo y terrestre. Algunos individuos se capturan para venderlos como mascotas en hogares, para zoológicos y laboratorios. Las CARs no han determinado concretamente qué animales silvestres pueden ser objeto de caza, situación que mantiene en la incertidumbre a los cazadores deportivos.
En Colombia funciona la Federación Colombiana de Tiro y Caza Deportiva y un poco más de veinte clubes de caza que ofrecen a los interesados un curso previo de tiro al blanco; por lo que el aspirante tiene la opción que le suministren los elementos o llevar su propia escopeta que la consigue en la red desde 199 euros, trampas para los animales desde 8 euros, flechas, lazos, cepos y más de una veintena de objetos. Tras el curso el alumno queda en capacidad de practicar en la cacería el tiro de precisión y el tiro al vuelo o tiro en movimiento. El permiso para caza deportiva no tiene costo; empero el año pasado por recomendación del Consejo de Estado se estableció la tasa compensatoria por caza de especies silvestres, menos para la de subsistencia. Ese recaudo tiene como fin preservar las especies de fauna silvestre y generar recursos destinados a su protección.
Los sitios preferidos para la cacería furtiva son los 36 páramos y 59 áreas naturales pertenecientes al Sistema de Parques Nacionales Naturales que representan 14´268.224 de hectáreas. Varios complejos de páramos en el país, hogar de millones de especies, no están delimitados. Al interior de un safari entre comillas, de una actividad deportiva de caza salen de las guaridas secretos a voces. Algunas personas disfrazadas de cazadores deportivos, disimuladamente se internan en las áreas con o sin permiso, utilizando gran cantidad de trampas para atrapar fauna y sacarla de su hábitat. Todo es permitido, en el día desearían cazar hasta palomas, sobre todo en tiempo de veda; y en la noche los animales silvestres son agarrados vivos, caso en el cual se les cortan las uñas y el pico; si es necesario les dan muerte, los amputan o cercenan sacándoles algunas de sus partes. La seguridad de la población humana puede verse amenazada en estos eventos por acciones de los mismos animales o de la naturaleza; de hecho es frecuente la muerte de ejemplares por tormentas eléctricas.
Lo que sucede varias veces con animales en manos de los cazadores que ofrecen sus“ trofeos” en la vía pública o en secreto, lo describió la Corte Constitucional que destacó “el maltrato al que son sometidos estos animales, que son camuflados, drogados, y sometidos a toda clase de atropellos para transportarlos desde su origen hasta su destino de venta. Les tiñen el pelaje o las plumas y les recortan los colmillos. Apiñan las aves en tubos de PVC o empaques inapropiados (cajas de cartón, en bolsas plásticas, en costales, entre otros), donde carecen de oxigenación, con las alas y los picos amarrados con cinta adhesiva”. En ocasiones los finqueros justifican esas muertes so pretexto que los animales atacan el ganado. La presión por la cacería de subsistencia y recreativa son la segunda causa de amenaza de la fauna.
La Policía Nacional en coordinación con las autoridades ambientes entre ellas las CAR continuamente hostigan a las personas involucradas como compradores inescrupulosos y traficantes de pieles; decomisando o recuperando ejemplares listos para vender. En caso de ser judicializados podrían ser condenados a sanciones económicas y pena privativa de la libertad de 12 a 36 meses. En ciertas ocasiones el proceso de rehabilitación de los especímenes dura varios años, antes de devolverlos debidamente monitoreados a su hábitat. Aunque los Guardabosques y Guardaparques son escasos, las autoridades hacen lo posible para preservar muchas especies como el cóndor andino, jaguares, manatíes, oso de anteojos u osos andinos, perezosos, pumas, primates , tigrillos, titis y el venado de cola blanca; algunos en vía de extinción. Para la organización ambiental WWF (World Wildlife Fund), en Suramérica 4.445 especies se encuentran en riesgo de extinción, y en el caso de Colombia esta cifra es de 1.203 especies. La WWF sostiene que “el mercado ilegal de especies es el tercer crimen organizado a escala global, después de las drogas y las armas”. Para la Policía Nacional de Colombia, el tráfico ilegal de especies afecta a 234 tipos de aves, 76 especies de mamíferos, 27 de reptiles y 9 de anfibios.
En el país las autoridades ambientales no habrían tenido el suficiente olfato para el mejor desarrollo de la cacería, incluso la de investigación. Al interior de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca –CAR-, se afirmó que la caza y transformación de su hábitat redujo su población de la Sabana de Bogotá y algunos páramos del país.
“Las especies silvestres corren el grave peligro de ser masacradas o capturadas vivas en todo el mundo..es una industria de miles de millones de dólares”, señaló Simon Robertson, Masters de la Criminal Intelligence Analysis at Manchester University, de Inglaterra.
@luforero4

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