Yo Periodista

La operación Diablo Rojo, (No draguen el Río)

Respecto al Río, las respuestas oficiales no son más lúcidas. Quizá la idea más infortunada es la que con bombos y platillos anuncio el Gobernador de Cundinamarca, Andrés González.

Enfundando en casco, impermeable y botas machita lanzó la Operación Diablo Rojo, nombre sugerido probablemente por algún brillante y frívolo creativo publicitario para declarar nuestra claudicación ante la muerte del río. Ocho máquinas de draga trabajaran por dos meses para sacar 400 mil metros cúbicos de sedimentos de las cuencas medías y bajas. ¿Dónde pondrán esos envenenados residuos? Nadie sabe. La CAR sugirió que se usen para reforzar los jarillones pero no hay certeza de la viabilidad técnica de semejante barbaridad.

El dragado afecta la estructura de las corrientes que a su paso forma meandros, islitas allí donde tiene mucha sedimentación y curvas con las que va hidratando todo a su alrededor. Es decir, va inundando con mañita y de a pocos los territorios aledaños para que cuando llegue abajo no acabe con todo.

Pero con esta operación de emergencia no se cura el mal ni se alivian desastres futuros. Con recursos de la emergencia se va a finiquitar el entierro del río bajo una broma semántica.

En el sistema político de estas democracias frágiles y engañosas los que eligen son los poderosos. Eligieron a Uribe, a quien un día le dio por acabar el ministerio del Medio Ambiente, un logro notable para incorporar la perspectiva ambiental al desarrollo y darle al ecosistema una importancia por lo menos al nivel del que tienen la salud, la educación o la misma guerra.

En un país tan tico y tan pobre como este es una pena que se pueda acabar con un Ministerio sin ningún debate ni protesta pública. Este es el resultado de una clase política rapaz y torpe más una masa atemorizada y confundida que los elegimos y terminamos pagando los costos de su audacia.

El poderoso nombra el político y el político le devuelve el favor con el permiso de acabar con todo lo que se interponga entre él y su ganancia. Vamos a ver si ahora que el agua ha entrado a todas las casas, de ricos y pobres el panorama cambia.

Por ahora, ni siquiera por populismo aparece la más mínima consideración por la desgracia de tanta gente.

¿Por qué no somos audaces?

¿Habrá entre ellos alguien capaz de promover una solución ingeniosa? ¿Por qué no reconocer que la ciudad se construyó en un mal sitio y que la mejor idea sería desocupar aquellas zonas donde las tragedias son más recurrentes y graves? La región debe pensar en dejar inundar la margen occidental del río, adaptarse, como lo hicieron los holandeses, a las crecientes del agua y dejar de pelear infructuosamente con ella. Porque vamos a perder. Ella estaba aquí antes que nosotros y seguirá una vez nos extingamos. Pese a nuestras ínfulas trascendentes, no somos más que una anécdota en la historia de este planeta.

Los alcaldes, los candidatos, los opinadores llevan años hablando de descontaminar el río. Sería bueno que abandonaran ese lenguaje tan políticamente correcto y aceptarán que para que la ciudad no siga perdiendo competitividad, poniendo en riesgo la salud de los ciudadanos y botando la plata hay que enfrentar el problema en serio. Se trata de no contaminar para no tener que descontaminar

El Ministerio de Ambiente reconoce que de 1.097 municipios del país, 860 vierten aguas servidas sin tratamiento en las cuencas. El 95% de las aguas residuales domesticas y agrícolas se vierten sin tratamiento alguno. El 85% de las industriales tampoco son tratadas. Aquí ha imperado una política que pone en riesgo a toda la población, en beneficio de unos pocos que externalizan sus costos en contra del ecosistema. Es hora de detener esa tendencia.

Ante esta emergencia el gobierno, en todos los niveles, se ha quedado corto, con propuestas de choque como la Operación Diablo Rojo.

Si queremos seguir viviendo en la sábana tenemos que ganarnos ese derecho. Todas las soluciones son complejas, demoradas y cuestan plata, pero hay algunos principios que se deben contemplar para una relación armónica con nuestros ríos:

No se pueden seguir contaminando.
No se puede seguir construyendo en los territorios del agua.
No se puede seguir creciendo como una mancha de aceite sobre la sabana, hay que tomar en serio la densificación.
Hay que construir edificios certificados, que recirculan el agua y saquen el mejor provecho de ella.
Tenemos que reforestar y restaurar. Cuando llueve, los árboles absorben el agua. Como tumbamos todos los árboles estos no ayudan a regular los caudales y vienen los deslizamientos, las avalanchas y las inundaciones
Esta última es la mejor y la más barata de las opciones. En la parte alta de la cuenca ya hemos sembrado más de 95 mil árboles de especies nativas en siete años. Nos hemos impuesto la meta de sembrar en los próximos años millón y medio de árboles. No es posible recuperar todo lo que se ha perdido, pero hay que comenzar con un programa de conservación que genere servicios ambientales, empleos verdes y alternativas de desarrollo limpio. El bosque es el mejor aliado del río y a la larga, de nosotros y de nuestros hijos.

Si no, propongo entonces pensar y diseñar en serio cómo y dónde refundamos a Bogotá.

Y hablando de contaminación los invito a pensar en la más fuerte de las contaminaciones, cual es, la contaminación ideológica. Esa que controla nuestros deseos y nos hace ver y sentir que todo está muy bien, que estamos bien gobernados. Los medios, los medios que muestran lo contrario y que se soportan por los controles de quienes pautan y financian la operación, se protege a la industria que destruye. En fin. Ustedes pueden complementar con sus opiniones.

También odio a quienes dicen que quieren salvar el planeta, ciegos, que escuchan bien y bailan mal.

No hemos podido salvar los ríos y ahora, de repente, se nos da por salvar el planeta.

El autor es director general de Fundación Al Verde Vivo, que lleva 17 años investigando la problemática del río Bogotá. Director de la Cátedra Río Bogotá en la universidad del Rosario. Para conocer más acerca de las iniciativas que adelantan para salvar este ecosistema puede visitar.
Luis Fernando Vazques

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Twitter: @alverdevivoorg
Por: Fundación Al Verde Vivo

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