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Acuerdo de paz con las Farc: No se trata de hacer «borrón y cuenta nueva», dice la Iglesia

FARC-EN-CUBA–La iglesia católica colombiana advirtió en las últimas horas que el proceso de paz que adelanta el gobierno nacional con la guerrilla de las Farc en Cuba, no puede terminar en «borrón y cuenta nueva», ni con impunidad y mucho menos dándole la espalda a las víctimas.

Las precisiones las hizo a través del Cardenal y presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, además de Arzobispo de Bogotá, Monseñor Rubén Salazar Gómez, en declaraciones al portal católico Aciprensa.

Concretamente el jerarca de la iglesia dijo:

«No se trata en modo alguno de hacer «borrón y cuenta nueva». El proceso de negociaciones debe encontrar salidas jurídicas y políticas que faciliten la plena reinserción a la vida social de los alzados en armas, garantizando también los derechos prioritarios de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación. El proceso debe evitar cualquier apariencia de impunidad. En ese sentido, creo que las experiencias de otros países que han vivido exitosos procesos de paz y de reconciliación pueden ser muy útiles para encaminar correctamente nuestros esfuerzos.

Monseñor Salazar, evocando palabras del propio Papa Francisco, dijo que «la Iglesia está firmemente convencida de que el camino de la paz pasa por el reconocimiento de la dignidad de las víctimas y por la tutela de sus derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación. Desde hace muchos años hemos venido trabajando en su acompañamiento integral, logrando articular una sólida red de apoyo psicosocial y espiritual que ha contribuido, enormemente, a sanar las heridas de la violencia».

Además, subrayó, en diversas regiones del país, hemos venido trabajando en la socialización de la «Ley de Víctimas y Restitución de tierras» que fue también fruto de nuestra iniciativa. En ese ámbito, hay mucho por hacer porque es necesario que esas disposiciones legales, aprobadas por el Congreso, sean implementadas con mayor celeridad y eficacia.

Por otra parte, dijo que «en repetidas ocasiones, los Obispos hemos reiterado la necesidad de que el proceso de negociaciones abra mayores espacios de participación que permitan escuchar y atender los legítimos requerimientos de las víctimas de la violencia. El proceso no les puede dar la espalda, más aún cuando —como he podido comprobar— son precisamente las víctimas de la violencia las primeras dispuestas a apoyar la paz y la reconciliación».

ACI Prensa le planteó al cardenal que tanto narcotraficantes como guerrilleros han esgrimido el argumento de las desigualdades sociales en Colombia para justificar sus actividades. ¿Cómo debe responder la sociedad ante esas desigualdades, y evitar que la espiral de violencia en Colombia continúe?

Al efecto, el prelado contestó: «No se puede justificar el uso de la violencia. La Iglesia entiende que el final del conflicto armado requiere mejorar las condiciones para atacar las causas que lo originan. Precisamente por ello, el episcopado colombiano ha reflexionado y se ha pronunciado, en sus últimas asambleas plenarias, sobre cuestiones tan importantes como la crítica situación del sector salud, la delicada cuestión agrícola, etc.

Los Obispos estamos firmemente persuadidos de que sólo el establecimiento de un orden social más justo y equitativo podrá garantizarnos una paz estable y duradera. Precisamente por ello hemos actualizado, muy recientemente, nuestra propuesta de mínimos para la paz y la reconciliación. Un texto programático, fruto de años de estudio y reflexión de las comunidades, que aborda las causas del conflicto armado y social, presentando también algunas propuestas concretas para lograr soluciones a los problemas que dificultan nuestra convivencia pacífica.

Monseñor Salazar Gómez reiteró que los Obispos de Colombia están firmemente convencidos de que el diálogo es el mejor camino para poner fin a tantos años de violencia y agregó:

«No obstante las dificultades del proceso de negociaciones, los resultados obtenidos hasta el momento nos confirman en esta certeza. En efecto, se ha logrado avanzar en una serie de acuerdos parciales sobre temas muy relevantes para la vida de la Nación».

Agregó que «los colombianos, todos, deseamos vivir en paz. Ése es un anhelo común que nos une. Es comprensible que el proceso de negociaciones suscite controversia y debate en la opinión pública. Creo que ese debate contribuye al desarrollo del proceso porque pone en evidencia nuestro respeto a la sana diversidad. El debate hay que darlo con altura, sin descalificaciones o ataques personales que en nada contribuyen a la auténtica búsqueda de una convivencia pacífica».

Dijo que en ese contexto, durante este periodo, «la Iglesia ha desarrollado diversas acciones pastorales para ambientar la paz: jornadas de oración, peregrinaciones, foros y encuentros. Sobre todo, nos hemos hecho presentes en aquellas regiones que han sufrido, con particular intensidad, el rigor de la violencia. Allí, estamos muy comprometidos en el acompañamiento a las víctimas y a las comunidades, abriendo camino a la reconciliación y al perdón. Precisamente por ello, la Iglesia ha apoyado y seguirá apoyando estos esfuerzos de paz».

¿Cuál es el papel de la oración para la pacificación del país?, se le preguntó:

«La paz es un don de Dios y una tarea que cada uno de nosotros está llamado a asumir como un compromiso personal de fe, respondió. «Por ello, la oración es, sin duda, una de las mayores contribuciones que, como discípulos del Señor, podemos hacer a la paz de Colombia. La oración, en efecto, nos dispone a abrir nuestros corazones al perdón y a la reconciliación que tanto necesitamos, transformándonos en verdaderos constructores de paz y de reconciliación. De ahí que los Obispos pidamos una oración especial por la paz en estas fiestas navideñas».

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