Relatos del vecindario

febrero 16, 2015 8:20 pm

mauricio-botero-caicedo Por Mauricio Botero Caicedo
Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela es un singular comunicador. Su pública y reconocida cercanía con los plumíferos dejan entrever que además es un ilustre ornitólogo. Maduro, que igualmente conversa frecuentemente con el finado Hugo Chávez, ha dado a conocer sus habilidades de comunicarse con los muertos, lo que lo convierte en un médium.

Sorprende por lo tanto que este consumado comunicador y dechado de cualidades se haya enfurecido con una reciente dibujo del caricaturista Vladimir Flórez (Dibujo que se acompaña), en donde Vladdo se burla de la crisis económica y política de Venezuela. Según informes de prensa, “el presidente de Venezuela reaccionó ante la caricatura publicada en la Revista Semana en enero de 2015 afirmando que quien estaba detrás de este tipo de mensajes que buscaban desestabilizar su gobierno era JJ Rendón, el ex asesor de la campaña presidencial de Juan Manuel Santos, crítico radical del régimen Chavista y exiliado en Estados Unidos desde hace años.”

Vladdo no quiso entrar en polémica ante los señalamientos de Maduro y se limitó a agradecer su opinión con este mensaje en twitter: ‘Mil gracias por sus opiniones, presidente ?@NicolasMaduro?????, y por ser uno más de los miles de fieles lectores venezolanos de la ?@RevistaSemana?????`

A la hora de la verdad, muy pocas personas vieron la caricatura de Vladdo. Pero como el ornitólogo y médium se ha encargado de decir que el dibujo lo enfureció, TODO el mundo la va a ver. A Rafael Correa, el ‘galán de vereda’ que se entronizó en el poder en el Ecuador, le ha pasado los mismo: su irracionales amenazas al caricaturista Bonil han convertido a este último en uno de los dibujantes más famosos de América. Es el precio que suelen pagar los dictadores imbéciles por su intemperancia verbal y ridículas amenazas.

Una respuesta sobre “Relatos del vecindario”

  1. inerme07 en febrero 17th, 2015 10:04 am

    Lo mismo que hace su jefe, el mayordomo del paupérrimo. Incapaz de darle la razón a alguien que disienta de sus oscuros y enfermizos designios.

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