En torno a la Protesta del 1 de mayo

mauricio-botero-caicedo Por Mauricio Botero Caicedo
Fabián Vargas, aquel tontolín que fue fotografiado disparando una pistola durante las manifestaciones del 1 de mayo afirma que todo se trató de un impulso que surgió en medio de la gresca que se armó en la Plaza de Bolívar con la Policía: “No soy un criminal, ni un asesino y mucho menos hago parte de una banda criminal (…) fue un acto irregular que no debí hacer. Lo hice de manera impulsiva, en un momento de euforia pero no con el fin de hacer daño a alguien. Les apunté a ellos porque la gresca era contra ellos, sé que fue una estupidez. Vargas se defendió argumentando que el arma no es real y es de venta libre y además negó que estuviera acompañado por más personas cuando ocurrió el hecho.

La pregunta de fondo es ¿si Vargas era consciente del peligro que representó el sacar un arma de fuego para amenazar a la policía, exponiéndose irónicamente a que la Fuerza Pública interviniera y le hubiese podido disparar, dejándolo tendido como a un pollo?

Finalmente, en relación con los enormes daños que causaron los manifestantes, es una solemne vagabundería que seamos los contribuyentes de la ciudad los que tengamos que pagar la factura por los daños durante las protestas del 1 de mayo. Esta factura la deben pagar son los Sindicatos que convocaron a dicha manifestacion, no los ciudadanos que pagamos puntualmente nuestros prediales.

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“Los francotiradores están matando como patos a nuestros soldados”, sentenció hoy el presidente Juan Manuel Santos al explicar que los crímenes realizados con un fusil de alta precisión son cada vez más frecuentes, sobre todo, contra los uniformados que adelantan operaciones contra cultivos ilícitos. Y si es así, uno se pregunta ¿por qué seguimos conversando en La Habana con estos asesinos?

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