Mercenario colombiano en Ucrania envía mensaje a compatriotas: «No crean en las promesas y falsas ilusiones; después de firmar el contrato, usted puede estar firmando su muerte»
–Un colombiano que se alistó como combatiente extranjero en las filas del Ejército ucraniano y que fue capturado por los rusos, ofreció un testimonio crudo de su paso por el frente. Dice que fue reclutado con promesas falsas, que nunca le pagaron, que lo enviaron a posiciones expuestas y que terminó capturado por fuerzas rusas. Ahora, asegura, solo quiere volver a su país.
El joven se identifica como Ángel Arnulfo Godoy Luna, de 25 años, oriundo de un municipio de Cundinamarca, a pocas horas de Bogotá. Antes de viajar, trabajaba manipulando aluminio y vidrio. «Ganaba muy poco», relata. En ese contexto, un video en TikTok lo enganchó con una oferta para ir a Ucrania donde —según le dijeron— «todo iba a ser gratis» y le pagarían entre 7 y 12 millones de pesos (entre 1.800 y 3.000 dólares), dependiendo del cargo y el tiempo de servicio.
Godoy Luna contactó a quienes estaban detrás del anuncio y aceptó viajar junto con otros interesados. Firmó un contrato y, según su versión, el grupo fue conducido al aeropuerto con la advertencia de que el trayecto tendría varias escalas. Volaron con paradas en Panamá y Turquía, hasta llegar a Chisináu (Moldavia). Allí, cuenta, les retiraron los pasaportes y los trasladaron en bus hacia Ucrania.
«El desplazamiento fue muy largo», dice. En una ciudad cuyo nombre no recuerda, les tomaron fotografías, huellas y muestras de saliva. Luego fueron entregados a personal de una unidad militar y llevados a una vivienda donde se realizaría el entrenamiento. El problema, desde el inicio, fue la incomunicación. «Había bastantes ucranianos, pero nadie hablaba español. Solo había un señor que hablaba español, pero tampoco entendía casi […]. Nos hablaban con señas», recuerda.
El entrenamiento duró 10 días. Les prometieron que estarían entre 10 y 15 días en una «misión» y después serían relevados. Pero, según Godoy, quedaron atrapados en la misma posición más de 40 días, sin señal de celular y con órdenes que llegaban por radio, a veces traducidas con herramientas automáticas. Les dijeron que alguien que hablara su idioma los contactaría. «Eso nunca pasó», asegura.
«Decían que la misión iba a ser fácil, que íbamos a entrar 10-15 días y salíamos a descansar. La verdad nunca fue así. Yo duré más de 40 días y no salí hasta que me retuvieron».
Ya fuera del entrenamiento, les entregaron radios y equipo militar y les avisaron que entrarían «en posición». Los movieron de noche hacia una trinchera. Allí, afirma, entendió que lo prometido no tenía relación con el terreno.
Dice que firmaron convencidos de que sería un servicio de 6 meses en una zona relativamente segura, lejos de la primera línea. Pero, ya desplegados, la lógica cambió. «Después de la firma y una vez uno ocupa posición, a ninguno le importa en qué condiciones esté», sostiene.
Asegura que, si alguien resultaba herido, la respuesta era fría: preguntaban si podía caminar, porque «no iban a entrar a sacarlo». Y añade que, para protegerse de drones, tuvieron que improvisar. «Nos tocó hacer un hueco y mirar cómo nos tapábamos porque no nos dieron nada […]. Ahí estuvimos más de 40 días», relata, esperando una salida que no llegaba.
«Ahí fue donde nos dimos cuenta de que estábamos abandonados. Se escuchaba por el radio cómo morían compañeros, heridos o que caían en minas. Nunca supimos que íbamos a pasar por algo así. Cuando lo entendimos, ya era muy tarde. Vivimos engañados».
En medio de ese balance, lanza otra acusación: «Desde que entré hasta la fecha, yo no he recibido ningún dinero de Ucrania».
Godoy Luna no oculta el arrepentimiento. Dice que escuchó morir a «bastantes colombianos» y describe posiciones que, a su juicio, eran directamente suicidas por el peligro que se corría. «Usted se da cuenta que va a perder la vida por una estupidez», afirmó.
Relata que suplicaron cambios de posición cuando los impactos caían cerca. Pero su superior repetía la misma orden: quedarse. «Que nos sentáramos, que esperáramos», incluso cuando escuchaban disparos alrededor. «Esto fue lo peor que pudimos haber hecho», manifestó con gran tristeza y decepción respecto a la decisión de ir a Ucrania.
En esa encrucijada —sin salida clara, sin relevo y sin posibilidad real de retroceder— dice que recibían mensajes recurrentes de que era mejor suicidarse antes que rendirse. Asegura que les mostraban videos y fotos de supuestas torturas atribuidas a Rusia, para convencerlos de que la captura era peor que la muerte. «Dicen que los rusos nos van a torturar de formas inimaginables […] Que es más fácil quitarse la vida». Sin embargo, sostiene que nunca terminó de creer en ese relato único.
«Nunca muestran el mal que han hecho […]. Solo lo que les favorece. Por eso personas como yo terminan por acá».
Antes de ser capturado, dice, ya no confiaba en la palabra de sus mandos. El miedo lo dominó, pero decidió no huir.
«Preferí quedarme en esa posición y entregarle mi vida a Dios», cuenta. Ahora advierte a quienes vean ofertas similares en TikTok u otras redes: «No crean en las promesas y falsas ilusiones». «Después de entrar al sitio [web], después de firmar el contrato, usted puede estar firmando su muerte».
Ángel Arnulfo cierra su relato con un mensaje dirigido al presidente de Colombia, Gustavo Petro, al que pide ayuda para regresar con su familia. Dice que se dejó arrastrar por la necesidad de dinero y la promesa de una vida mejor. «Yo solamente quiero volver a Colombia y buscar la manera de salir adelante, pero lejos de toda esta situación […]. Esta situación me tiene muy mal y es algo de lo que me arrepentiré toda la vida».
«Ni la plata ni nada vale el riesgo que uno pasa acá. Es preferible estar en Colombia, 100 % seguro. Me arrepiento de todo».
Mercenarismo colombiano en Ucrania
En enero pasado, los colombianos Luis Manuel Ruiz Díaz Contreras, Luis Guillermo de la Cruz Ramos y Juan David Polo Mendoza fueron capturados por las fuerzas rusas en una localidad de la provincia de Zaporozhie.
Ruiz, de 20 años, oriundo de San Sebastián de Buenavista, departamento de Magdalena, partió hacia Ucrania desde Bogotá, donde residía, con la esperanza de ganar dinero para poder comprarle medicamentos a su madre.
De la Cruz Ramos, de 26 años, es de San Bernardo del Viento, Córdoba, vivía en Medellín (Antioquia) donde trabajaba como recolector de basura tras haber prestado servicio militar en Norte de Santander.
Polo tiene 29 años y es de Villanueva, La Guajira. Contó que era futbolista, pero luego del servicio militar, empezó a trabajar como escolta y en seguridad privada.
Dijeron que se habían enterado de la posibilidad de ir a luchar en el conflicto ucraniano por TikTok. «Me contactó un colombiano por TikTok», señaló De la Cruz Ramos. Ruiz agregó que, tras sacar el pasaporte, los reunieron en un hotel de la capital colombiana, desde donde, según De la Cruz Ramos, partieron en avión a la capital moldava, Chisináu, con paradas en Panamá y Turquía. De ahí, los recogieron en bus para llevarlos a Ucrania.
Polo indicó que la preparación duró un mes. Luego, les hicieron un test de saliva, les tomaron las huellas digitales y les dieron a «firmar unos papeles que uno no sabe ni que papeles está firmando, porque todo está en ucraniano», relató Ruiz.
«Después [a uno] lo mandan para las brigadas, allá le entregan los uniformes, entregan chaleco, casco», añadió.
De la Cruz Ramos aseveró que el Ejército ucraniano «lo tiene a uno muy mal». Dijo que una vez pasó varios días sin comer. «Tenemos que reportarnos cada rato o si no, no nos mandan comida ni agua. Yo he durado varios días sin comer ni tomar agua, porque allí uno no tiene facilidad de comunicarse», explicó.
De acuerdo con Ruiz, lo mandaron a la «línea cero». «Allí al frente nos mandaron a meternos en un hueco, donde nos quedamos tres-cuatro días». A los tres días los capturaron las fuerzas rusas, indicó.
Polo dijo que se rindieron sin oponer resistencia. «Nosotros no tuvimos ningún esfuerzo con ellos [soldados rusos] ni decidimos luchar, solamente entregamos las armas», apuntó.
Los capturados relataron que recibieron un buen trato por parte de los militares rusos. «Me trataron de la mejor manera que han podido, a pesar de que nosotros vinimos prácticamente enemigos de ustedes», sostuvo Ruiz.
Sobre el salario, los mercenarios manifestaron que les habían asegurado en Colombia que lo máximo que podían llegar a ganar eran «20 millones de pesos (unos 5.400 dólares)», pero recién cuando estaban en Ucrania les dijeron que había ciertas condiciones de pago. «Al principio a uno no le pagan lo que es, solo después de dos meses, al tercer mes le pagan 19 millones, antes no. [El] primer mes le llegan a uno 250 dólares», detalló Ruiz.
Desde el 2022, los colombianos figuran entre los contingentes más numerosos de combatientes extranjeros que se han incorporado al Ejército ucraniano para combatir en el conflicto con Rusia. Pero el tamaño real de esa presencia sigue envuelto en opacidad, ya que no existen estadísticas oficiales y las cifras que circulan varían con fuerza. La BBC ha mencionado estimaciones de hasta 7.000 colombianos, mientras otros medios reducen el rango a entre 2.000 y 3.000.
La incertidumbre sobre el número contrasta con un dato que sí se repite: el contingente colombiano aparece, una y otra vez, asociado a altas pérdidas. Según cifras de la Cancillería de Colombia en noviembre pasado, al menos 64 colombianos murieron y 122 figuran como desaparecidos. Sin embargo, a finales del 2024, el entonces canciller Luis Gilberto Murillo habló de al menos 300 connacionales caídos.
Petro ha condenado de forma reiterada la participación de colombianos en guerras ajenas. En el caso de Ucrania, ha sostenido que los ucranianos «tratan a los colombianos como raza inferior» y que muchos son utilizados como «carne de cañón». En diciembre, además, pidió a Vladímir Zelenski que libere a los colombianos «engañados» que «parecen estar secuestrados en Ucrania».
En paralelo, su gobierno ha logrado abordar el problema y aprobó en diciembre la ley que ratifica el tratado internacional que prohíbe el mercenarismo. Del otro lado del frente, Rusia mantiene procesos judiciales contra mercenarios extranjeros que combatieron junto al régimen de Kiev, incluidos colombianos. Algunos ya han sido condenados.
El Código Penal de la Federación de Rusia castiga la participación de mercenarios en conflictos armados o acciones militares con penas de prisión de 7 a 15 años. Sin embargo, un tribunal ruso condenó en junio pasado al colombiano Pablo Puentes Borges a 28 años de prisión. Según reveló en septiembre el Comité de Investigación de Rusia, hasta ese momento se habían instruido 177 causas penales contra mercenarios de distintas nacionalidades. (Información RT).

