–La Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó un comunicado este viernes por la tarde en el que indica que desde al Policlítico Gemelli de Roma, donde se recupera de la intervención quirúrgica a la que fue sometido, el Papa León XIV conversó por teléfono con Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa.
En la conversación telefónica el pontífice expresó su «profunda preocupación por la grave situación humanitaria en la ciudad de Oleshky, ubicada en la región de Kherson, al sur de Ucrania, y pidió un alto el fuego que permita el envío de alimentos y asistencia médica, así como la evacuación voluntaria y segura de la población civil», precisa el comunicado.
«Por último, el Santo Padre reafirmó el compromiso de la Santa Sede con la promoción del diálogo y la paz», concluye.
La ciudad de Oleshky se encuentra en la línea de frente y bajo la ocupación militar rusa desde el inicio de la invasión en febrero de 2022.
La situación en Oleshky es catastrófica, habiéndose transformado en lo que organizaciones internacionales y medios describen como una «trampa mortal» bajo un severo bloqueo humanitario. Al encontrarse directamente en la línea de fuego del frente sur y bajo ocupación rusa, sus habitantes viven bajo condiciones extremas: crisis extrema de hambre y desabastecimiento, debido a un prolongado desabastecimiento de alimentos y medicinas.
Las carreteras que conectan la localidad están fuertemente minadas y los convoyes de suministro terrestre están completamente bloqueados. Las fuerzas ucranianas han intentado enviar víveres utilizando drones, pero muchos de estos paquetes son interceptados o destruidos.
La infraestructura civil quedó devastada (en gran parte tras la inundación provocada por la destrucción de la presa de Nova Kajovka). Los residentes viven sin electricidad, agua potable, calefacción ni gas.
El gobierno de Ucrania y organizaciones de derechos humanos denuncian que Rusia se niega a abrir corredores humanitarios de evacuación, utilizando de facto a la población civil como protección.
Moverse por la zona es sumamente peligroso. Los civiles se encuentran atrapados como «escudos humanos». Se calcula que la población se ha reducido drásticamente de 25,000 antes de la guerra a un rango de entre 2,000 y 6,000 civiles (incluyendo decenas de niños), conformada principalmente por personas mayores o vulnerables.
La ruta que algunos usan para intentar conseguir agua o alimentos básicos es llamada informalmente «el camino de la muerte», debido al constante riesgo de activar minas terrestres o ser atacados por drones de combate.
