Debería renunciar pronto el Ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias. Ya está resultando excesivo que parte de su tiempo lo dedique a su campaña política.

Arias –joven, inteligente, con agallas y todo lo bueno que le quieran agregar- quiere ser Presidente de la República, Senador o Gobernador de Antioquia. Y utiliza el cargo para el desarrollo de su actividad proselitista, lo cual traduce que con dineros del Estado financia su empresa política particular.

En iguales condiciones, pero indudablemente con menor descaro, actúa el Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos. Todos sabemos que quiere suceder a Uribe, pero su proselitismo es menos ostentoso. Una cosa es que los resultados de su gestión contribuyan a crecer su imagen como eventual buen mandatario. Y otra (no lo hace) que grite el discurso de sus aspiraciones.

En la puerta de salida podría estar también el Ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga. Excelente persona. Ministro bueno, según algunos. Y muy malo, según otros.

Zuluaga carga una cruz que difícilmente podría descargar de la noche a la mañana. Su cercanía con personajes investigados por para-militarismo, en La Dorada y el Magdalena Medio.

La senadora Adriana Gutiérrez quien renunció a su curul la semana pasada, adelantándose a una medida de aseguramiento, pertenece a su cuerda política en Caldas. Y también el Representante Mauricio Lizcano, investigado por la Corte, ante –al parecer- iguales andanzas o malas compañías.

Fuertes vientos soplan, entonces, sobre las cabezas de algunos ministros.

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