LOS PARTIDOS COMO CHISTE

La última reforma política estableció que las curules del Congreso son de los partidos, no de las personas. Con el tiempo, la norma se está convirtiendo en chiste.

El representante Oscar Gómez Agudelo, del Quindío, fue destituido de su partido Cambio Radical por mala conducta. El congresista estuvo vinculado a investigaciones por el asesinato de un joven, desaparición forzada de otro y violación de un menor a la fuerza.

El retiro de Cambio Radical no le hizo perder su curul. Siguió en el Congreso legislando y ahora vota con el mejor postor, sin importar el Partido.

Hoy en el Senado se discute el nombre de quién debe suceder a la congresista caldense Adriana Gutiérrez, quien renunció a la curul, aduciendo persecución de la Corte Suprema.

El reemplazo sería Darío Angarita (hijo de Alfonso Angarita Baracaldo) si no fuera porque se presentó a las elecciones en la listas del partido de La U. Después renunció y se trasladó a Cambio Radical para aspirar al Concejo de Bogotá, campaña que también perdió.

Ahora que se presenta la vacancia, Angarita renuncia al partido de Vargas Lleras y pide nuevamente ingreso a La U para ocupar la curul en referencia.

La mesa directiva del Senado ha decidido preguntarle al Consejo de Estado qué hacer. Y el partido de La U. tampoco tiene claro lo que corresponde. Angarita sólo quiere posesionarse.

Si no es Angarita, asumirá la curul Sergio Díaz Granados, hoy presidente de los hoteleros. O el siguiente, Jairo Mantilla, con apenas 13 mil votos.

Cualquiera que sea (me gusta Angarita), es protuberante que ni los partidos están bien organizados, ni son serios, ni entrar y salir de ellos requiere el menor respeto.

Por eso la política se vuelve a veces un chiste. O un circo. Es el hazmerreír de los colombianos, cuando no un asunto poco confiable.