TERRORISMO RECREATIVO

Gabriel Ortiz Por: Gabriel Ortiz
BLANCO Y NEGRO
La democracia ofrece a la sociedad la legitimidad de protestar por lo que quiera, por lo que constituya un atropello, por aquellas cosas que constriñen sus derechos. Igualmente salir a las calles a celebrar eventos especiales, a reclamar o a respaldar ideas o movimientos.
En nuestro medio se ha puesto de moda salir todos los días y a toda hora a manifestarse por tal o cual motivo. Eso es legal y está muy bien. Pero sucede que últimamente se han profesionalizado las marchas. Hay hasta mafias que manejan a grupos que han convertido esa actividad en modo de subsistencia.

Es lógico: como no hay suficiente empleo, “hay que jalarle a cualquier cosa”.
Estos grupos de manifestantes profesionales, cuentan con atuendos especiales para “ejercer” su oficio. Ropa abullonada para recibir los golpes, capuchas, pasamontañas y caretas para evitar ser identificados y desde luego morrales con los elementos necesarios, según la protesta. Piedras, guijarros, armas, tarros de spray para embadurnar y pintoretear monumentos y paredes, y otros artefactos, no menos peligrosos, hacen parte de su logística.
Grave lo ocurrido cuando una jueza dio patente de corso a las acciones de estos inadaptados, al otorgar libertad inmediata, a Fabián Vargas, el encapuchado que “disparó” contra la policía, un arma o peligroso juguete claramente ofensivo en una congregación pública.
Este hombre, con todo un arsenal intimidante y ofensivo, participó en la manifestación que celebraba el día del trabajo. Se suponía que era una demostración pacífica, como ha ocurrido casi siempre. ¿Entonces nadie se explica por qué había gente encapuchada? Y la razón para que este hombre sacara una pistola o “inofensivo” revolver y lo disparara contra la fuerza pública. Se tratara de un revolver o un intimidante juguete, este hecho se convirtió en peligrosa provocación, ya que manifestantes y autoridades observaban a un energúmeno, revolver en mano, dispuesto a matar, herir u ocasionar una estampida, con todas sus consecuencias. Fabián es un terrorista, así su arma fuera real o de fogueo. Dice él que era un juguete, pero esto no se ha comprobado. En lugar de liberarlo, debe ser castigado con todo el peso de la ley, y la jueza que lo liberó, debe ser sancionada.
BLANCO: Por fin el Presidente Santos se destapó y en entrevista a Darío, en Caracol, dejó sin armas a Uribe.
NEGRO: Al Procurador tampoco le sirve la fumigación manual. ¿Qué será lo que quiere Ordóñez?
gabrielortiz10@hotmail.com

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