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En Colombia hay 18 millones 952 mil hogares y las condiciones de habitabilidad son mejores bajo jefatura femenina que de los hombres, según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del DANE

–El DANE reveló este lunes los resultados de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida, ECV, según los cuales al cierre del año 2025 la cantidad de personas que habitaban en el país era de 53 millones 368 mil y el total de hogares estimado ascendía a 18 millones 952 mil, lo que significa un promedio de 2,82 personas por hogar.

La comparación del déficit habitacional y sus tipos (cuantitativo y cualitativo) de acuerdo con el sexo del jefe/a del hogar evidencia que, tal como ha ocurrido en los años anteriores, las condiciones de habitabilidad siguen siendo mejores en los hogares con jefatura femenina en comparación con los que están en cabeza de un hombre. Además, la brecha entre ambos creció.

Los resultados de la encuesta muestran que el porcentaje de hogares que reconocen como jefa a una mujer en el país fue del 46,4% en 2025, nivel que es estadísticamente igual al obtenido en 2024 y que significa un freno en la tendencia creciente que había tenido el indicador en los últimos años.

Ese estancamiento se explica por el comportamiento de la jefatura femenina en las cabeceras, que pasó del 49,0% al 48,7%, mientras que en centros poblados y rural disperso creció 0,6 puntos porcentuales (al pasar de 37,7% a 38,4%2).

La información por departamentos muestra diferencias considerables en el peso de los hogares con jefatura femenina: por encima del 50,0% se encuentran La Guajira, Chocó, Valle y Antioquia, niveles que contrastan con los obtenidos en cuatro departamentos de la Amazonía-Orinoquía (Vaupés, Vichada, Guainía y Amazonas), donde ese peso oscila entre 22,3% y 35,7%.

Los resultados también evidencian que en la gran mayoría de hogares con jefatura femenina las cabezas de hogar no tienen pareja o cónyuge (69,0%), mientras que en los hogares con jefatura masculina menos de la tercera parte de los jefes (el 31,7%) no viven en pareja. Una situación similar se presenta en las cabeceras y los centros poblados-rural disperso, pero la brecha es más alta en las primeras.

La información obtenida a partir de la ECV de 2025 revela que el 40,8% de los hogares del país habitaba en una vivienda arrendada o subarrendada, lo que ubica a esa categoría como la predominante por cuarto año consecutivo.

Le siguen la ocupación de una vivienda propia (38,1%), que incluye tanto a quienes ya la habían pagado (34,8%) como a quienes todavía lo estaban haciendo (3,3%). En tercer lugar se sitúan quienes habitaban en viviendas sin pago, con permiso del propietario (14,5%), seguidos de los ocupantes de hecho (4,1%) y quienes vivían en propiedad colectiva (2,4%).

La comparación de los tipos de tenencia de la vivienda ocupada frente a 2024 muestra que el principal cambio fue la reducción del porcentaje de hogares que habitaba en vivienda propia (caída de 1,4 puntos porcentuales).

Al examinar los principales tipos de tenencia de la vivienda que habitan los hogares según el sexo del jefe/a se observa que entre 2024 y 2025 se redujo la ocupación de vivienda propia en hogares con jefatura masculina, situación parcialmente contrarrestada por la ocupación de viviendas arrendadas o subarrendadas, mientras que en los hogares con jefatura femenina los resultados son similares en los dos años. Pese a lo anterior, persiste la brecha en la ocupación de vivienda propia a favor de los hogares con jefes hombres.

El análisis por departamentos de la tenencia de la vivienda que ocupan los hogares muestra diferencias importantes entre ellos: en el caso de hogares que habitan en vivienda propia, Chocó ocupa el primer lugar, con el 53,5%, seguido de Sucre, Córdoba y Atlántico, mientras que las proporciones más bajas se registran en Vichada y Guainía (12,0% y 14,4%, en su orden), donde predomina la propiedad colectiva (55,8% y 54,7%, respectivamente), en razón de su elevada
población indígena.

Con respecto a los hogares que viven en arriendo o subarriendo, el porcentaje más alto se registra en Bogotá (con el 57,4%), seguido de Meta, Risaralda y Cundinamarca, mientras que Vaupés, Vichada y Guainía tienen los menores pesos. En cuanto a quienes habitan en viviendas sin pago, con permiso de los propietarios (usufructo), las participaciones más altas se presentan en Nariño (27,9%), seguido de Caquetá y Putumayo, y la menor en Bogotá (solo 5,4%).

Por su parte, los ocupantes de hecho (personas sin título de las viviendas que ocupan) tienen el mayor peso relativo en Vaupés (32,5) y el más bajo en Bogotá (0,4%).

De acuerdo con la información recolectada en la ECV, el déficit habitacional, que mide deficiencias de carácter estructural y no estructural de las viviendas que habitan los hogares, experimentó una nueva reducción en 2025, al pasar de 26,8% a 25,6%. En esta ocasión, tanto el déficit cuantitativo como el cualitativo cayeron (0,5 y 0,7 puntos porcentuales, en su orden). La reducción del primero (que mide privaciones estructurales o de espacio) se explica principalmente por el mejoramiento en el material de las paredes mientras que la del segundo (que comprende deficiencias no estructurales susceptibles de mejoramiento) se atribuye principalmente a la disminución del hacinamiento mitigable.

La comparación del déficit habitacional y sus tipos (cuantitativo y cualitativo) de acuerdo con el sexo del jefe/a del hogar evidencia que, tal como ha ocurrido en los años anteriores, las condiciones de habitabilidad siguen siendo mejores en los hogares con jefatura femenina en comparación con los que están en cabeza de un hombre. Además, la brecha entre ambos creció.

En la información por departamentos se destaca un conjunto de seis (conformado por Vaupés, Vichada, San Andrés, Guainía, Chocó y Amazonas) por tener niveles de déficit habitacional superiores al 80,0%. El componente que en mayor medida explica el déficit habitacional en Vaupés es el material de las paredes, que hace parte del déficit cuantitativo, mientras que en los otros cinco departamentos las mayores deficiencias se presentan en componentes del déficit cualitativo: alcantarillado, en Chocó, San Andrés y Vichada, y agua para cocinar, en Guainía y Amazonas.

Los resultados anteriores contrastan con los obtenidos en Bogotá y en seis departamentos (los tres del eje cafetero, Valle, Cundinamarca y Boyacá) donde el déficit habitacional es inferior al 20,0% (solo 6,3% en Bogotá).

Con respecto a los hogares que declaran contar con servicio de internet (fijo o móvil), los resultados de la ECV para 2025 evidencian crecimientos importantes tanto en el consolidado nacional como en sus áreas, siendo particularmente elevado el aumento registrado en centros poblados y rural disperso. En efecto, el indicador de acceso a internet en el país llegó a 73,9% en 2025 (lo que significa un incremento de 8,3 puntos porcentuales frente a 2024), en las cabeceras
alcanzó un 78,8% (6,3 puntos por encima del año anterior) y en centros poblados y rural disperso se situó en 56,9% (15,0 puntos más que en 2024).

El análisis de la variación del porcentaje de hogares con acceso a internet según el sexo de su jefe/a muestra que en 2025 creció más entre los hogares con jefatura femenina en comparación con los hogares en cabeza de hombres, lo que redujo ligeramente la brecha que hay entre ambos, a favor de los hogares con jefatura masculina.

Los resultados por departamentos del nivel de conectividad a internet muestran que San Andrés, donde la muestra de la ECV es solo urbana, ocupó el primer lugar (con 90,9% de hogares conectados), seguido de Valle, Bogotá y Risaralda. Por su parte, los porcentajes más bajos de acceso a internet se presentan en Vaupés (18,6%) y Vichada (23,3%).

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