Es un hombre bello.
No tanto físicamente (aunque en materia de gustos no hay disgustos) sino espiritualmente. Si bien sus formas de hablar, caminar, sonreír y argumentar son cadenciosas, mejor es su forma de pensar.
-La oscuridad no siempre es mala. Sin la oscuridad no podríamos ver las estrellas- dice, respecto del oscuro panorama de la política.
Fue recreacionista profesional en sus años mozos. Y ahora piensa que –si le dan la oportunidad- sería capaz con sus juegos de convertir al Concejo en algo muy distinto.
-El asunto es que leemos mal nuestras emociones. Yo soy especialista en el tema. Por eso acepté el reto de hablarle a la ciudad de manera distinta. Lo tengo escrito en mi corazón.
No fuma ni bebe. Soltero, a sus 42 años. Su condición de papá la ha ejercido con un sobrino que estudia en Australia. Es su gran trofeo y la forma como ha canalizado sus sentimientos paternales.
Estudioso de filosofías orientales, todo lo relacionado con el desarrollo del ser: la atención, el sentido, la razón, la conciencia, lo intuitivo, las percepciones. Primero con niños y luego con adultos. Descubrió en los demás lo que a él le hacía falta.
-Es triste que uno se muera sin conocerse. Sin descubrir su esencia. Apresado por los dramas del diario vivir.
Su campaña la hizo hablando de las personas. De la necesidad de ser mejores.
-Soy un soñador, mi virtud o mi defecto. No tengo polo a tierra. Creo que la vida es mágica. La obligación de todos es descubrir el tesoro perdido que tiene adentro. Y sueño que el Distrito invierta en seminarios y conferencias. En ayudar al individuo para que se reconozca y entienda que puede ser el principal actor de su vida.
Al concejal Torrado lo llevaron cargado electoralmente su hermano, el senador Efraín Torrado, (con dos hijos adoptados y una vida feliz e independiente) y la actriz y representante Lucero Cortés. Todos han sido el producto de los votos de varias empresas de alimentos y bebidas, que montaron los Torrado.
Las artes, el teatro y la danza especialmente, son la vocación primera de Torrado. Está escribiendo un libro sobre la alegría del ser. Que el hombre descubra que sólo el hecho de existir es una dicha y su mayor patrimonio.
-“La muerte no existe, lo que existe es el cambio”.
Quiero que el Concejo de Bogotá entienda que por encima de los edificios y las vías están los seres humanos. Y propone, entonces, la creación de las Escuelas de Formación para la Vida, con lo cual –piensa él- se podría influenciar positivamente a la gente.
-En campaña hice cosas maravillosas, inusuales. Puse a todo el mundo a jugar, para delimitar barreras y prejuicios. Uso el juego como dinámica para que el hombre se descubra. Lo mismo quiero hacer en el Concejo. Quiero construir un proyecto pero que sea colectivo.
Torrado (quien todavía se despierta pensando en Londres) se muestra contrariado por tanta desigualdad social, por la falta de sinceridad de las personas y la falta de afecto, a nivel general.
-La gente necesita más que la ubicación laboral, una ubicación emocional. Y en eso ando yo. Que el hombre vuelva a crear al hombre que se perdió. Uno pierde el niño, a medida que crecemos. Uno hipoteca su inocencia para ser aceptado. Y ahí se pierde. Se va transformando en un viejo frustrado, lleno de máscaras….
En opinión de Torrado, nos enseñaron a ser competitivos, no competentes.
Esta es su carreta. Por eso –seguramente- en el Concejo no ha tenido de qué hablar en estos cuatro meses de ejercicio. La corporación anda en otros temas más terrenales.
Tomado del libro: Artunduaga desnuda al Concejo de Bogotá

Los comentarios están cerrados.