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Drones recrearon las Torres Gemelas sobre Nueva York a propósito del 25º aniversario del 11-S; Trump rindió sentido homenaje a las víctimas (VIDEO)

–Un espectáculo de drones iluminó el cielo sobre el puerto de Nueva York para homenajear a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. La instalación, titulada «2.977 luces sobre el puerto de Nueva York», reunió 2.977 aparatos, uno por cada persona fallecida, que luego formaron el contorno de esas Torres a escala arquitectónica completa. El acto gratuito fue presentado como un espacio de reflexión y unidad.

El video fue publicado por el secretario de Transporte de los Estados Unidos Sean Duffy

Sean Duffy adjuntó el video con la siguiente nota: Con motivo del 25.º aniversario de los atentados del 11 de septiembre, 2.977 drones iluminaron el cielo sobre el puerto de Nueva York, cada uno representando una vida perdida en aquel trágico día.

Este conmovedor homenaje se erige como un solemne recordatorio de la resiliencia de Estados Unidos y del extraordinario coraje de los héroes y primeros respondedores que lo dieron todo.

A las víctimas, sus familias y todos los que sirvieron: Nunca olvidaremos».

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recordó este jueves en una ceremonia solemne en el Pentágono a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

«Esa mañana terrible, hace 24 años, el tiempo se detuvo», expresó el mandatario. «Hoy, como una sola nación, renovamos nuestro voto sagrado de que nunca olvidaremos el 11 de septiembre de 2001».

El acto, al que también asistió la primera dama, Melania Trump, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, comenzó con la colocación de ofrendas y la lectura de los nombres de 125 fallecidos en el cuartel general de las Fuerzas Armadas tras el impacto de un avión -cuyas 59 personas también murieron- el mismo día en el que también fueron destruidas las Torres Gemelas en Nueva York.

Al inicio de su intervención, Trump recordó a su estrecho aliado, el comentarista conservador Charlie Kirk, asesinado en un «atroz» atentado este miércoles. «Lo extrañamos muchísimo», agregó antes de anunciar que otorgaría al activista la Medalla Presidencial de la Libertad de manera póstuma.

Cerca de 3.000 personas perdieron la vida el 11 de septiembre de 2001, cuando un grupo de terroristas de Al Qaeda secuestró cuatro aviones comerciales: dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas de Nueva York, uno contra el Pentágono y otro cayó en Pensilvania, luego de que los pasajeros intentaran retomar el control de la aeronave.

«En ese fatídico día, monstruos salvajes atacaron los símbolos mismos de nuestra civilización. Sin embargo, aquí en Virginia (sede del Pentágono, a las afueras de Washington), en Nueva York y en los cielos de Pensilvania, los estadounidenses no dudaron. Se mantuvieron firmes y demostraron al mundo que jamás cederemos, jamás nos doblegaremos, jamás nos rendiremos», insistió.

Con semblante y tono solemnes, el mandatario compartió varias historias personales de las víctimas y envió un mensaje de condolencias a los familiares, que «todavía sienten el vacío dejado por sus seres queridos cada día de sus vidas».

Al igual que en Washington, Nueva York recordó a las casi 3.000 personas que murieron durante y después de los ataques a las Torres Gemelas, entre ellas empleados de diversas empresas que tenían oficinas en los edificios, bomberos, policías y personal médico.

A 24 años del suceso, la Oficina de Medicina Forense en la Ciudad de Nueva York informó que aún quedan más de 1.000 víctimas sin identificar.

Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 –conocidos como el 11-S– son considerados como unos de los más graves de todos los tiempos. Ese día se registraron cuatro ataques terroristas suicidas coordinados por el grupo yihadista Al Qaeda en Estados Unidos, los cuales dejaron 2.977 víctimas fatales inocentes.

Diecinueve terroristas secuestraron cuatro aviones comerciales en pleno vuelo. Dos de los aviones fueron estrellados contra las torres norte y sur del World Trade Center en Nueva York. Un tercer avión impactó contra el Pentágono en Washington D. C. y un cuarto cayó en un campo en Pensilvania tras la revuelta de los pasajeros.

El cuarto tenía presuntamente como objetivo el Capitolio en Washington, sede del Congreso. Sin embargo, se estrelló en Pensilvania tras la intervención de pasajeros que impidieron a los atacantes alcanzar su objetivo. El atentado mató a casi 3.000 personas e hirió a miles.

El 11-S fue «un punto de inflexión que desencadenó muchísimas cosas: debates sociales globales que no existían antes y problemas de seguridad que en realidad no se conocían», explica a BR-Faktenfuchs el historiador Claus Oberhauser.

En eventos como el 11-S suelen proliferar las teorías de la conspiración, dijo a DW Daniel Jolley, investigador de la Universidad de Nottingham. Y es que aún hay gente que se pregunta: ¿cómo pudo el país más poderoso del mundo ser tomado tan de sorpresa?

Según una encuesta de YouGov de 2023, uno de cada cinco estadounidenses creía que el Gobierno de EE. UU. estaba detrás del 11S, afirmación que se difunde desde hace décadas y demuestra que muchas personas desconfían de las instituciones y de «los poderosos», explica Jolley.

Aunque en redes sociales se difunde la hipótesis de que el colapso de las Torres Gemelas se debió en parte a explosiones controladas, no existe evidencia; por el contrario, investigaciones oficiales e independientes como las del National Institutes of Standards and Technology (NIST, una institución estatal), el Massachusetts Institute of Technology (MIT), o la consultora Weidlinger Associates confirman que los incendios derivados del impacto de los aviones fueron la causa directa del derrumbe.

¿Por qué la gente cree en narrativas conspirativas?

Sucesos repentinos como el 11-S dejan vacíos de información y preguntas sin respuesta que amenazan necesidades psicológicas humanas como tener certeza, sentir control y evitar el miedo. Es precisamente en esa incertidumbre, según explican los expertos, donde florecen las teorías de la conspiración como una vía para intentar dar sentido al evento.

Esto no ocurre de un día para otro: «Es más bien un trayecto basado en experiencias de vida; por ejemplo, las adversidades enfrentadas», apunta Jolley, quien agrega que quien tiende a ser más miedoso puede ser más propenso a creer en esas teorías.

Tres puntos principales hacen que las narrativas conspirativas sean peligrosas:

Prometen hacer que la gente tenga menos miedo y más certidumbre. Sin embargo, ocurre lo contrario: generan mayor desconfianza hacia el Gobierno y hacia los demás, conduciendo al aislamiento social.

Mezclan realidad con desinformación y, a diferencia de esta última, no se pueden desenmascarar claramente como falsas, ya que no se basan en afirmaciones claras, comprobables o refutables. El núcleo de la narrativa es que un grupo de conspiradores actúa en secreto.

Pueden influir en cómo se tratan las personas entre sí, con el peligro de generar prejuicios, antisemitismo, homofobia, discriminación de todo tipo, negacionismo del cambio climático, e incluso comportamientos que implican un riesgo para la salud, como las teorías sobre el COVID-19.

(Con información de RT, DW y la red de verificación de datos «ARD Faktencheck», de la cadena pública alemana ARD).

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