Con evidente maledicencia, dicen algunos que Baena pertenece al “Cartel de los Sapos”. Y no se refieren al libro ni a los narcotraficantes del Norte del Valle, sino a los dirigentes de un partido que tiene por costumbre denunciar a sus propios colegas.

Traiciones de Baena acabaron con el “carrusel”, que les permitió a todos los concejales –hasta cuando se le ocurrió abrir su bocaza, se lamentan los afectados- cobrar por la asistencia a dos o más sesiones a la misma hora. Era un rentable negocio para los concejales, que no tienen sueldo fijo y cobran por cada reunión unos $750 mil. (Se redondean $16 millones al mes, por honorarios, sin derecho a pensionarse).

Su misma condición de batracio lo llevó a renunciar al carro oficial y a otras prebendas, que dejaban mal parados a todos los miembros de la corporación (¿Por qué él y no todos?).

Con una risita entre burlona y conciliadora, sigue revelando que los alcaldes menores fueron escogidos a dedo por el alcalde Samuel Moreno o que el personero, Rojas Birry, es un funcionario de bolsillo, elegido por una coalición que negoció favores burocráticos.

Y con la misma sonrisa socarrona, todo lo dice de frente, en la cara de sus compañeros, con el cuento de que no es un asunto personal sino “institucional”, por el bien de todos, empezando por la democracia.

Sapo, lambón, lambericas, lambeladrillos, lagarto, entrometido –o como lo quieran llamar- es asunto que lo tiene sin cuidado. Baena obligó, con sus denuncias, a cambiar el reglamento interno del Concejo y a frenar varias costumbres deshonestas.

En su opinión, tanto la derecha como la izquierda política han sido clientelistas. Mockus asumió la alcaldía con independencia, Peñalosa no tanto. Y Garzón se suavizó, se llenó de compromisos y amigos que se repartieron el poder, la burocracia y los contratos.

-Con Garzón hubo politiquería y populismo a más no poder- comenta Baena.

Para el común de los mortales, Baena podría ser un hombre muy aburrido. Del concejo a la Iglesia y de ésta a la casa. Se “divierte” visitando las distintas sedes de su partido (en 150 ciudades), evangelizando y predicando en 20 países donde MIRA ya tiene seguidores. No bebe, no fuma, no asiste a cocteles ni a reuniones de farándula. Todo es para la casa, donde lo atienden su mujer y sus cuatro hijas.

En efecto, Baena es el rey de su hogar.

Cinco mujeres esperándolo, como si fuera la propia reencarnación de Jesús, el hijo de Dios padre. O casi, porque tiene convencidos a todos que recibió la orden divina de salvar este mundo.
Empezó asistiendo a la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo, liderada por la señora María Luisa Piraquive de Moreno, quien con su esposo levantaron las bases del emporio religioso, electoral y económico que hoy es MIRA.

Ahí se conoció con una hija de “la dueña” de la Iglesia , Alexandra Moreno Piraquive. Fue un amor a primera vista, pero no sólo sentimental. Otras cosas los identificaron también de inmediato: la política, el poder, los cuerpos colegiados, el gobierno, un liderazgo internacional, a nombre de Dios.
Se lanzaron al Concejo. Primer renglón Baena y segundo Moreno. Después ella saltó al Senado (y ahí se quedó). Baena ha sido elegido por tercera vez y piensa seguir en la corporación, antes de lograr (eso se propone) la Alcaldía de Bogotá.

MIRA es un partido político para fines electorales o similares (Movimiento Independiente de Renovación Absoluta). También una iglesia (Movimiento Imitador de la Rectitud del Altísimo).
Y podría ser cualquier otra cosa, que dé plata, que dé votos y hasta la salvación eterna. Baena, Vicepresidente General de la organización, explica que su iglesia es neopentecostal, basada en la profecía bíblica.

-Creemos en el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo. Somos cristianos, practicantes de la Biblia. Creemos en la manifestación de Dios, a través del Espíritu Santo y los dones espirituales, especialmente el don de la profecía. Dios le da un mensaje a cada persona. Le habla de su vida. Y también le anuncia sus obras y compromisos.

En el caso de Baena, Dios –a través del Espiritu Santo- le dijo que su misión era ayudarles a muchas personas, a cientos, a miles. Que le guiaría en su labor y que transformaría su vida.
Hubo “imposición de manos” y el Espiritu Santo “habló en lenguas” y convirtió a nuestro querido sapo (perdón, concejal) en el hombre bueno y valeroso que es, frente a la faz del mundo.

Mientras tanto, MIRA sigue creciendo, como crecen también las especulaciones sobre todo su poder. Que recibe más de mil millones semanales (en efectivo). Que el dinero sobra cuando hacen política. Que hasta los más pobres diezman, mientras caen diezmados por la miseria. Que el dinero se lo trasladan en el exterior a doña María Luisa Piraquive, la gran fundadora de tan colosal maquina de orar y hacer plata.

Baena (40 años, de Armenia) dice que lo mueven los ideales, ¡solamente!.

Entre tanto, su discurso, sus posturas y el trabajo legislativo y político le permitieron obtener más de 80 mil votos en los últimos comicios y elegir dos concejales (él y Quijano). Antes, en la competencia por la alcaldía, logró más votos que Maria Emma Mejía y Leonor Serrano de Camargo.

Y en cuatro oportunidades ha sido seleccionado como el mejor concejal de la ciudad, sin que por ello se haya hinchado hasta reventarse, como algunos colegas de su especie.

Tomado del libro: Artunduaga desnuda al Concejo de Bogotá.

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